The Randolph D. Pope “Money,
it’s a gas.” I. The Difficulty of Imagining the Future A few
words that disappear, ephemeral coins and stamps, bloodless allegories
are just a few manifestations of the difficult attempt to go from word
to practice, from idea to realization, when the Republic became a possibility
in Spain with the departure of Isabel II in 1868. The
idea itself of a nation governed by the authority of her people and not
the divine rights of a monarchy was well known, from its Roman origins
to its then recent manifestations in the One
expects, of course, that novels will provide models of concrete and individual
lives, thick descriptions, that will bring us tangentially to at least
the illusion of a closeness to how people “live in things” or,
better, to how people are constituted among things in an intense dialectic
of mutual appellation. Yet,
curiously, the novelist to whom we would tend to turn first, Galdós,
wrote on the topic of the Republic an uncharacteristic novel, with the
generic and unimaginative title of La Primera República,
published in 1911. The main character, a historian, falls in love with
an allegorical figure, a schoolteacher surrounded by other bland allegories
such as Grammar, Geometry, and History. There is even a nightmarish underground
trip from 1868 interrupted the continuity of historic imagination: tomorrow became more unpredictable than usual. Prim continued to use a cap with a royal insignia, to the irritation of many of his followers (Fernández-Rúa 74); coins were still minted with the image of Isabel II; stamps with traditional images were still accepted. But simultaneously red flags and Phrygian caps appeared, the names of streets changed, violence erupted randomly, and diverse and contradictory blueprints of new societies contested the privilege of implementation. Galdós describes the situation with ironic distance: A su fin corría con paso incierto el año 68, atropellando
sus días inquietos entre clamorosas disputas. Habíamos
hecho una revolución con el instrumento naval y militar, trayendo
después al pueblo a que la confirmara, y apenas cogieron los
nuevos estadistas el manubrio de gobernar, saltó la cuestión
batallona: si quitado el Trono debíamos poner otro, o constituirnos
en República. Y los españoles se
encendieron en porfías y altercados sin fin. La oratoria, que
había sido achaque de algunos escogidos habladores, se hizo
manía epidémica, y hombres, mujeres y aun chiquillos,
salieron perorando a cántaros, cada cual según su tema
o sus humores. Los más fríos argumentaban así: «Pero,
hombre, no es poco trabajo carpintear ahora un trono con las astillas
del que acabamos de romper». Y esta discusión primaria
pronto había de ramificarse en variedad de peloteras. Los republicanos
despotricarían sobre si la República debía llevar penacho unitario, federal o mixto, y los monárquicos
andarían a la greña por si encasquetaban la corona en
esta o en la otra cabeza. (9, cap
I) II. Keeping in Touch and Together through the Mail The Republic, then, when it
becomes possible, splinters into so many possibilities or astillas that
it becomes protean and unmanageable.
[1]
It is not surprising that the professional politicians
turned first to an elected monarchy and imported Amadeo to a cool reception. “El estado del orden moral en España
no es, por desgracia, al terminar el año 1872 más satisfactorio
que el orden material. El descontento de lo actual y la incertidumbre del
porvenir, juntamente con la necesidad de reposo, reinan en todos los ánimos;
todo sigue siendo posible como en el período constituyente, y la alarma
no cesa en las poblaciones más importantes de España,” writes La Época,
January 20, 1873. While Formando
sangriento contraste con los Toisones, las grandes cruces, los títulos
de Castilla, las grandezas, las botonaduras de brillantes, los cronómetros,
las pulseras, los dijes que distribuyen los hombres de la situación,
leemos en efecto en un solo número de La Correspondencia,
que la línea del norte ha sido de nuevo cortada, que la línea
del Mediodía está interrumpida en Alcázar, que
la correspondencia pública de toda España con Europa
ha sido dos veces secuestrada en Zumárraga, que anoche ha sido
incendiada la estación de Villarreal, que la línea de
Santander está amenazada, que el tren de Valencia ha sido robado
en Záncara, que otra partida que le esperaba en Villacañas
con el mismo piadoso fin, ha entretenido sus ocios rompiendo el telégrafo,
cortando la vía y descarrilando una máquina. This
lamentation starts out with grand images of Empire, but immediately zeroes
in on symbols of progressive modernity, first the lighthouses and then
the railroad, both forms of orientation and movement, representing past
and recent accomplishments.
[2]
The second paragraph counterpoints symbols that have become
meaningless, starting again with the most revered, the Order of the Golden
Fleece and large crosses, moving on to noble families, to deteriorate abruptly
to buttons, watches, and bracelets, as the writer moves into the description
of a collapse in communication. The destroyed telegraph and the derailed
train are superb and precise images of the writer’s anxiety as the
lighthouses go dark, so to say, and the navigation of the ship of state becomes
more and more perilous. After all, communication had become the greatest
pride and need of the enterprising madrileños. La Ilustración de Madrid, in a brief note probably written by Bécquer, had described glowingly
in 1870 the “modelos
de los coches del tranvía que ha de cruzar la población” (207). This was another project destined to bring together the different regions
of town, “poniendo
en contacto los extremos más opuestos, y facilitando la circulación
cada día más difícil por no bastar los medios ordinarios
a las necesidades de la vida actual.” The illustration by Manchón
shows a double decker pulled on its tracks by two hefty horses. A few people
in the street seem surprised by the contraption and a dog runs happily alongside
it, while the ticket collector invites an elegant couple to come aboard. Modern
Transportation and communication had become the arteries and blood of the Nation, its pulse troubled by the Carlist wars in the north, the independentist movements in the south and eastern shores, and conflicting plans everywhere. Breakdown and isolation, paralysis and silence grew as a threat. As the monarchic experiment of Amadeo was evidently coming to a close, La Época complained bitterly on February 3: El
servicio de correos ha llegado a un tal grado de confusión,
que hace indispensable la adopción de serias medidas. No era
bastante que por causas de todos conocidas, aun antes que los carlistas
se levantaran en armas, las cartas y los periódicos llegaran
por casualidad a las personas a quienes iban dirigidas; no era bastante
que los periódicos ministeriales dirigieran severas censuras
a la Dirección, que no sabía corregir tantos abusos;
hoy ha sucedido una cosa todavía peor. Los carteros se han declarado
en huelga, la correspondencia no se ha repartido a nadie, y las familias
y las empresas y los periódicos se hallan privados de recibir
lo que tanto les interesa, porque la Dirección ha obrado con
manifiesta imprudencia, dando lugar a que los carteros incurran en
tan grave falta. The newspaper laments two day later: “¡Entretanto,
qué inmensos perjuicios para todas las clases!” In the following issue it added, “el servicio de correos participa El
tren-correo llegó el viernes con hora y media de retraso, a
consecuencia de la gran cantidad de nieve que ha caído. En dicho
día medía en algunos puntos de Areta 70 centímetros
de espeso, y seguía nevando copiosamente. Calculen nuestros
lectores la que habrá en Gorbea y en la Peña de Orduña. No wonder that La Época, on the following day to the proclamation of the Republic on 11 February 1873 was concerned about mail delivery: “Suponemos que uno de los primeros cuidados de las nuevas autoridades republicanas será que la correspondencia y periódicos lleguen puntualmente a manos de las personas que los pagan. Tan escandaloso es lo que en la actualidad está sucediendo, por ignorancia o malicia, que si el abuso continuara, sería una grave responsabilidad para el nuevo orden de cosas.” “The new order of things” is an expression that reminds us of Foucault and that taken seriously permits a glimpse into the concern with which many citizens saw the implementation of an unpredictable Republic. At least deliver our mail and allow us to keep informed by reading our daily newspapers!
Was that the message, though? By its very absence mail confirmed the inefficiency of the Republic’s confused strategy that would lead it, in less than a year, to have four presidents. That the first one, Estanislao Figueras, simply left for France suddenly, partly depressed by his wife’s death, partly giving up on harmonizing radicals and liberals, leaving a significant emptiness at the head of the State, must have been astounding. No mail, no president, no clear path ahead. Given
the importance of mail during that period, one would expect that it would
present an important way of providing a defining image for the new government. A few days later, on February 20, La Época complains
again: “Nada
hace tanto daño en el extranjero al gobierno como la interrupción
de las comunicaciones. Cada día que transcurre sin llegar el correo
es un golpe mortal asestado al crédito moral y material del país.”
[3]
A railroad track, a folded journal, an inscribed
coin, a stamp, are not just,then, inanimate objects, but means of communication,
the guarantors of credit to the Nation and its projects. The problem, of
course, was that engines were derailed, newspapers lost, money and stamps
confusingly replaced and falsified, and credit consequently devalued. La Época does not give up; on March 17 it complains
that “el
servicio de correos es pésimo; los diarios y cartas se extravían;
los encargados, o no entienden lo que traen entre manos, o su conducta es
criminal.” Was that the message, though? By its very absence mail confirmed the inefficiency of the Republic’s confused strategy that would lead it, in less than a year, to have four presidents. That the first one, Estanislao Figueras, simply left for France suddenly, partly depressed by his wife’s death, partly giving up on harmonizing radicals and liberals, leaving a significant emptiness at the head of the State, must have been astounding. No mail, no president, no clear path ahead.
III. The Frail Legitimacy of Money It
was perhaps an unfortunate coincidence that the advent of a significantly
new experiment in government coincided with the introduction of a new
monetary unit and the centralization in
The bronze peseta, which was minted from the winning design by Luis Plañiol presented to an international contest, shows a seated matron who extends her left arm into the air, rather aimlessly, and holds an olive branch towards her back with her right hand, which is leaning on the rock where she sits.
The reverse
had a rampant lion leaning on the Spanish coat of arms, not looking too
fierce and thereby becoming identified as a dog. The larger denomination
of ten cents became known as perra gorda and the five cents as perra
chica. These coins were engraved by Luis Marchionni, who had been
the principal engraver of the mint in La unidad monetaria [establecida por la reforma revolucionaria] no logra introducirse en nuestras costumbres. En realidad, tenemos hoy en España cuatro unidades monetarias oficiales; la peseta, empleada solo en las cuentas de las oficinas públicas; el duro, usado para los presupuestos y contabilidad de las provincias de Ultramar; el escudo, que sigue siendo la expresión y regla de los valores en los billetes del Banco de España, papeles de incuestionable carácter oficial; y en todas las cuentas de este establecimiento público; y el real, que continúa en uso para todo el mundo, sin exceptuar los mismos reformadores de octubre de 1868, pues . . . en las Memorias explicativas de los presupuestos generales del Estado presentadas a las Cortes desde aquella fecha . . . en reales se hacen los cálculos y las demostraciones.
The
allegorical figure chosen for the Republic had, then, a long tradition
to represent the nation, but it did not serve to introduce a guiding
thought nor did it become a revered symbol. In fact, La Época had
a field day on El
escudo de las armas de España que aparecía al frente
de la Gaceta de Madrid, ha sido reemplazado hoy por una alegoría
que representa sin duda la república en figura de matrona de
feas facciones, sentada muellemente en un sillón, y como descansando
de haberse hallado en postura menos cómoda; con la espada de
la justicia al hombro, que parece va a echársela a la espalda;
el nivel y la ley por los suelos, y teniendo, por último, a
sus pies al león de España en una actitud que no podemos
comprender si es que se encuentra dormido, mustio, aburrido o resignado. ¿No
sería más sencillo, económico y conveniente suprimir
toda aleluya, y encabezar buenamente el primer pliego del diario oficial
con su título de Gaceta de Madrid, en letra de mayor
tamaño que el actual?
Gaceta, 2 de marzo Gaceta, 3 de marzo Apparently this unconvincing image was too disturbing to become resigned to it, and on 19 March the newspaper returned to the topic:
La
frecuencia con que se repiten de cuatro a seis años a esta parte
las falsificaciones de los billetes del Banco de España acusa
un vicio capital inherente a su administración, puesto que no
sucede lo mismo con otros mucho más importantes, que tienen
en circulación no solo 300 millones de reales, sino 800 como
el de la Habana y aun 8.000 como el de París, autorizado últimamente
para emitir hasta 11.200. ¿Cuál es este vicio? ¿Sobre
quién recae la responsabilidad? Ouch, the colony is doing a better job in asserting its authority than the metropolis? The Spanish reales are not that real? (In this context, does it not seem logical that the great novelists of the period are concerned about reproducing or faking the feeling of the real?) The challenge was picked up nonetheless by Domingo Martínez, head of the engraving section of the Bank of Spain, in a letter published two days later. Martínez provides astonishing information as he defends his bank from the accusation that bills designed and printed in Spain are inferior to and easier to falsify than those printed abroad: Los
billetes que el Banco ha emitido hasta el año de 1868 se han
fabricado en la casa de más nombradía que hay en Londres
para esta clase de trabajos. La colección de billetes falsos
que el Banco posee demuestra palpablemente que todas las emisiones
de aquella procedencia se han contrahecho, algunas de ellas admirablemente. All have been reproduced illegally and many have merited inclusion in the collection the Bank devotes to its nemesis, to its unauthorized supplement; some are even admirable. One has to salute Martínez for recognizing the talent of his shadowy enemies who undermine his work. He repeats that “no ha habido emisión que no se haya falsificado;” as he descends from theory to the “terreno práctico de la verdad,” nevertheless, Martínez begins to lose his footing, first making a spurious yet most interesting distinction and then simply going astray: ¿Qué se
entiende por falsificación? Imitar alguna cosa dándole
apariencia de verdadera no siéndolo. ¿Y se ha hecho esto
al falsificar los billetes? De ninguna manera; y aquí es donde
yo ruego al autor del artículo que en parte refuto, fije su
atención. Los
billetes no han sido verdaderamente falsificados: 1º Porque
los falsificadores no han imitado nunca ni la clase ni los trasparentes
del papel, 2º Porque jamás han podido ni modelar siquiera
el dibujo de figura, que han ejecutado por medio de arañazos solamente,
y cuya estampación grosera y varia causa admiración que
no haya saltado a la vista del más refractario al arte. Y 3º Porque
todos los adornos accesorios que forman parte del billete, tampoco
han sido ejecutados con acierto. ¿Hay razón para censurar
el trabajo de un artista por el mero hecho de que se le antoje a un
hombre criminal pretender imitarle de una manera confusa, detestable
y grosera con el fin de lucrarse, causando perturbación y alarma
a los tenedores de billetes? Yo creo que no. Además, la experiencia
me ha demostrado que las falsificaciones están siempre en relación
con el trabajo que quiera imitarse. Más claro: todo es susceptible
de falsificarse en este mundo, y de la manera con que en este país
se viene ejerciendo esta industria, y dadas las condiciones en que
el público se encuentra para ser tan fácilmente engañado,
estoy por asegurar que nos falsificarán hasta nuestros hijos. Logic is not Domingo Martínez’ forte: if all can be falsified, then his cherished bills, his sons as it were, can be falsified also. Would not the perfect counterfeit be undetectable, and therefore isn’t it impossible to affirm that none exist? Yet, when someone at the very heart of the production of instruments of exchange that should resist falsification declares that all can be falsified, one detects not just a declaration of fact, but a confession of insecurity, one more important manifestation of the lack of faith that the Republic needed to address. A few months later, 29 September, the Acting Secretary of the Bank of Spain, Teodoro Rubio, published a notice that even if long is so dramatic that merits to be copied in its entirety: Se
han presentado en la plaza tres billetes de este Banco de la serie
de 400 escudos, emisión de 1º de diciembre de 1871, los
que, reconocidos por estas oficinas, han resultado ser falsos. Aunque
por lo imperfecto del trabajo se advierte a primera vista la falsificación,
este establecimiento, siguiendo la práctica establecida, se
apresura a ponerlo en conocimiento del público y dar las señas
más principales que distinguen a dichos billetes de los legítimos
que son las siguientes. El
papel se compone de dos hojas pegadas, en una de las cuales se han
estampado los adornos que forman el transparente con albayalde y barniz
resultando imperfecto y poco perceptible al trasluz. La hebra que va
colocada a la derecha del billete, no es de estambre como la de los
legítimos, sino de pita, y por consiguiente más lisa
o suave que aquella, y se halla intercalada entre los dos papeles pegados,
marcándose apenas el dibujo transparente, en cuyo centro está colocada
dicha hebra. Las
dos hojas se desunen fácilmente abriéndose por cualquiera
de sus ángulos el papel, que a primera vista se advierte ser
más grueso y blando que el de los legítimos. Las cinco
cabezas que se hallan distribuidas en la orla del billete tienen torcida
la boca; la ejecución del grabado es bastante tosca, así como
la de las figuras desnudas de los lados, y la estampación pálida
y borrosa. Deseoso el Consejo de gobierno de que los intereses del público no se vean defraudados en vista de las repetidas falsificaciones de billetes que se vienen cometiendo, se ha servido disponer que desde el día de mañana, 30 del corriente, quede establecida en el patio del edificio que ocupa el Banco, una sección de reconocimiento de billetes, la cual se hallará abierta al público de diez de la mañana a dos de la tarde en los días de trabajo y de diez a doce de la mañana en los festivos para que los interesados que gusten puedan presentarlos al referido reconocimiento. [6]
It may be evident
by now that the critical word here is “legitimate,” one
that was being applied or denied to the government and those who pretended
to have a stronger claim to it. Unfortunately, there was no easy test
that could be applied in the bank’s patio to don Carlos, Amadeo,
the Republic, the cantons, or don Alfonso. As
there were different coins in circulation, and they all had some sort
of value, so each one of these political options—all of them
with many denominations—coexisted and interfered with each other. La Época reported on 1 October 1872 that “a
pesar de todas las precauciones imaginables, inclusa la hebrita
de estambre, exclusiva y peculiar a los billetes del Banco de España,
una nueva falsificación de los de 4,000 rs. ha venido a probar
la ineficacia de aquellas.” On the following day, appeared “una
noticia gravísima para el Banco de España [al] estarse
reuniendo los gremios para ponerse de acuerdo y no admitir los billetes
de dicho establecimiento en vista de sus repetidas falsificaciones.” It
is not a stretch to bring together Galdós’ unconvincing
allegorical novel, the rather uninspiring images of República abraza toda la vida: de que es autoridad y libertad, derecho y deber,
orden y democracia, reposo y movimiento, estabilidad y progreso,
la más compleja y la más flexible de todas las formas
políticas; inspirada en la razón, y capaz de amoldarse
a todas las circunstancias históricas término seguro
de las revoluciones, y puerto de las más generosas esperanzas. That same day General Pavía would declare the end of the republican government. If there is a lesson here, it is that discourses must be put to the test and, to survive, they must succeed in their implementation. [7] Many of the ideas associated with the Republic eventually became the law of the land and common practice. On the other hand, the last peseta was minted on 19 June 2001, as Spain adopted the euro. After 28 February 2002, the peseta became a museum piece. Where does republicanism now belong? Can it convince enough people in Spain that it is the legitimate form of government? Could it now project a more unified front than in 1873, would it find more seductive and inclusive images, would it posses more of the genius of implementation in the real word, that place where we live as anchored bodies among things? Only time will tell. [8] Works Cited Cabra Loredo, María Dolores. La Ilustración de Madrid. Textos de Gustavo Adolfo Bécquer acompañados de dibujos de Valeriano Bécquer, publicados durante los años 1870 y 1871 en La Ilustración de Madrid. Madrid: Ediciones el Museo Universal, 1983. Castán, Carlos y Juan R. Cayón. Las monedas españolas desde Don Pelayo a Juan Carlos I: Años 718 a 1979. Madrid: Artegraf, 1978. Castelar, Emilio. “Discurso
sobre la I Internacional.” Alicante: Biblioteca Virtual Miguel
de Cervantes, 1999. Edición
digital a partir de La palabra de Emilio Castelar, Alicante,
Universidad, 1984, pp. 53-92. Comellas García-Llera,
José Luis. “Revolución y Restauración
(1868–1931). Historia General de España y América, Revolución
y Restauración. Madrid: Rialp, 1982. xiii–xxxv. La Época. Periódico
Político Diario. Lafuente, Modesto, y Juan Valera. Historia
general de España. Tomo vigésimo cuarto. Barcelona: Montaner y Simón, Editores,
1930. Pérez Galdós, Benito. La Primera República. Episodios Nacionales, IV. Madrid: Aguilar, 1971. 581–679. Piqueras-Arenas, José Antonio. La
revolución democrática (1868–1874). Cuestión
social, colonialismo y grupos de presión. Madrid:
Centro de Publicaciones Ministerio de Trabajo y Seguridad Social,
1992.
[1]
The revolutionary government at first did not
side with a Republic, as can be seen from this text quoted by Verdad es que se han levantado voces elocuentes
y autorizadas en defensa del régimen republicano, apoyándose
en la diversidad de orígenes y caracteres de la nacionalidad
española, y más que nada en el maravilloso ejemplo
que nos ofrece, allende los mares, una potencia nacida ayer, y
hoy envidia y admiración del mundo. Pero por mucha importancia
que relativamente se conceda a estas opiniones, no tienen tanta
como la general reserva con que sobre asunto tan espinoso han procedido
las juntas, en las cuales, hasta la formación del gobierno
provisional, ha residido por completo la iniciativa revolucionaria.
Además, compréndese bien que un pueblo joven, perdido
en medio de selvas vírgenes, y limitado solamente por vastas
soledades inexploradas y tribus errantes, se constituya con entera
independencia, libre de todo compromiso interior y de todo vínculo
internacional. Mas no es probable que acontezca lo mismo con pueblos
que cuentan larga vida, que tienen antecedentes orgánicos
indestructibles, que forman parte de una comunidad de naciones
y que no pueden de repente, por medio de una transición
brusca y violenta, torcer el impulso secular al cual obedecen en
su marcha...” (4).
[2]
On Saturday 8 February 1873, La Época quotes
the following words from a rival newspaper, El Imparcial: “La
democracia progresa; ¿qué importa si la locomotora en su carrera atropella
a alguno y le tritura? Lamentaremos la víctima, pero el vapor
no detendrá por eso su empuje.”
[3]
On A pesar de que los progresistas democráticos,
radicales o como sea de su agrado apellidarse, pretenden hacernos
creer que, gracias a la revolución de setiembre, y sobre
todo a ellos, nuestra patria ha recobrado la honra perdida y entrado
en un período de felicidad y bienandanza que las naciones
más civilizadas nos envidian, es lo cierto, sin embargo,
que hemos vuelto a aquellos tiempos nefandos del oscurantismo,
en los que era necesario, antes de emprender un viaje, ponerse
bien con Dios, como suele decirse, pues no cabe duda que, por desgracia,
en la actualidad, la persona que tome un asiento en cualquier línea
de ferro-carril [sic] para dirigirse al punto que fuere, no sabe:
primero, si llegará; y, segundo, si lo efectuará sano
y salvo: gracias a las repetidas huelgas de los maquinistas, a
las partidas federales o carlistas, a las de ladrones que pululan
por doquier, y por último a los desocupados que se entretienen
en tirar tiros o piedras a los trenes, bajo la garantía
inapreciable de los derechos individuales, que han venido a ser
en España un salvo-conducto para los malhechores. [4] José Antonio Piqueras Arenas reminds us in his book, La revolución democrática (1868–1874), that this was a bourgeois revolution under which a proletarian movement was simmering but without yet having a say in the course of events.
[5]
Valera expresses a common opinion
when he writes: “Aquellas
cámaras se confirieron a sí mismas un poder que no
les daba la Constitución; eran además ordinarias, y
proclamando la república cometieron una ilegalidad, así como
no dejaron bien sentada su moralidad política, siendo como
eran monárquicos” (Lafuente 190). [6] Today there is a Brigada de Investigación del Banco de España, domiciled in Alcalá, 522, Madrid. Their e-mail is bibe@correo.bde.es and they are part of the Oficina Central Nacional Contra la Falsificación de Moneda. One can find the current legislation addressing “la lucha contra la falsificación” at http://www.bde.es/billemone/falsificacion/normativa.htm
[7]
José Luis Comellas concludes
in his essay “Revolución
y Restauración (1868–1931)” that “el conjunto de los hechos nos sugiere un
gran fracaso de edificación” (xxii). [8] I would like to thank my research assistant Michael Sisskin-Fernández, who diligently and insightfully read with me several years of La Época.
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