Oscar Osorio
Universidad del Valle
Bien le conocen las más opuestas y apartadas provincias de nuestro castellano, siendo igualmente sentencioso su gesto en la latinidad del Marco Bruto como en la jeringonza soez de las jácaras, barro sutil y quebradizo que sólo un alfarero milagroso pudo amasar en vasija de eternidad. (Borges, Inquisiciones: 47)
1. Una propuesta de lectura
Para resolver estos problemas, el lector del siglo XXI debe hacer el trabajo de convocar en su lectura los contextos socio-históricos y la concepción poética del Siglo de Oro (conceptismo, estética de la imitación, juegos de ingenio y agudeza verbal, coincidencia de opuestos, etc.) a través de la investigación histórico-literaria; conocer los problemas de producción, transmisión y recepción de la obra poética, leyendo los trabajos de los especialistas; apoyarse en diccionarios especializados y de época para vencer la barrera de la lengua del siglo XVI; investigar la preceptiva poética del siglo áureo para solucionar el problema de los lenguajes poéticos; consultar la mitografía, el refranero, las metáforas lexicalizadas, la tradición poética sobre la que se construye esta poesía, para resolver el asunto de las fuentes. Todo esto es necesario al propósito de hacer una adecuada interpretación y valoración de la obra poética del barroco español. Es decir, debemos simularnos lectores del Siglo Áureo para leer a sus poetas. Quienes no lo hacen así e intentan acercarse a los poemas de esta época como lectores del siglo XXI, con la enciclopedia del siglo XXI, harán un ejercicio de creación poética y no de decodificación, oficiarán como poetas y no como lectores.
Habrá quien diga que esto último es lo fundamental de la lectura del texto poético. Quizás quienes así leen no comprenden la poesía barroca. Para el poeta barroco, la razón es el eje de su ejercicio poético; y lo propio para el lector modelo que esta poesía construye. El concepto, que es la columna vertebral de esta poética, es el resultado de un ejercicio de la inteligencia y para la inteligencia.[2] La dificultad conceptista que es propósito central de esta poesía se construye como un reto a la inteligencia; vencer esta dificultad, que es la razón de ser de este lector modelo, comporta un inmenso goce intelectual.[3] Es decir, la construcción del poema (sus conceptos, sus juegos de ingenio y agudeza verbal, la fuerte alteración de la sintaxis, el intertexto culto) se hace como un ejercicio de la razón; y su deconstrucción es, necesariamente, un ejercicio de la razón. El lector de esta poesía debe ponerse en situación de conocimiento de los principios poéticos y la tradición literaria que sustenta a/el poema para hacer una adecuada lectura del mismo.
A la mayoría de los iniciados en la poesía áurea nos cuesta una enorme dificultad entender la necesidad de esta toma de posición como lectores. Infortunadamente, la experiencia de lectura de esta literatura en algunas áulas universitarias no pasa por esta exigencia. Ello se hace evidente en la deficiciencia de diccionarios (de época, de refranes, de autores), y de textos de preceptiva y de apoyo para la lectura de la poesía del Siglo de Oro que exhiben nuestras bibliotecas universitarias. En mi experiencia como profesor universitario, he sentido la enorme dificultad de hacer que los y las estudiantes de los cursos de Siglo de Oro reconozcan la necesidad de este ejercicio de lectura inteligente e investigativa. Me parece que lo primero que debemos hacer con ellos y ellas es enseñarles a leer esta literatura, según el código que ella misma propone. Este trabajo se ofrece como una propuesta de lectura en este sentido, como lector que intenta acercarse, a través de la investigación, a la experiencia de lectura de un lector de la época.
2. Brevísima
introducción al género
Los escritores españoles volvían cada vez más
insistentemente la mirada sobre las clases marginales, encontraban en sus
ruindades y picardías una infinidad de motivos literarios que servían al doble
propósito de moralizar a una España que, en la conciencia de sus escritores, se
descomponía, y de entretener a una sociedad cada vez más dada a la búsqueda del
placer y la diversión. Esta doble condición está en la base del surgimiento de
una extensa literatura, entre la que podemos anotar la picaresca, la poesía
burlesca y la literatura hampesca. Tres líneas en las que Quevedo fue un
auténtico maestro.
La labor de algunas
órdenes eclesiásticas, fundamentalmente los jesuitas, que, gracias a su misión,
se movían en los bajos fondos de la sociedad española, contribuyó
grandemente al conocimiento de las prácticas y costumbres de estos sectores
sociales. Este conocimiento fue usado por los escritores españoles del siglo XVII[4] para componer sus obras. Hay que
precisar que la literatura misma fue construyendo un tejido social al que se
atenían los escritores. Es decir, los tipos sociales, los temas y el lenguaje
con los cuales el escritor construía sus textos, aunque partían del
conocimiento de estos sectores sociales, no se tomaban directamente de la
realidad sino de un estatuto literario ya fijado.
Dentro de esta amplia demografía literaria está
el grupo de los rufianes[5] y las prostitutas. Este grupo
social fue motivo de una literatura que adoptó el formato del romancero, cuya
métrica venía muy bien al propósito de contar (o cantar) historias: los
romances de germanía. Estos romances eran un género de textos que surgieron a
mediados del siglo XVI en España, dentro de la renovación del viejo romancero
español,[6] y que se clasifican como un
subgrupo del romancero nuevo.[7] La lengua que adoptaron, como su
nombre lo indica, es la germanía,[8] sociolecto particular de los
delincuentes y prostitutas que eran su tema y motivo. Pero, al igual que con
el tejido social y los temas, el escritor no se nutría directamente de la lengua
de germanía, sino de su expresión literaria: la jacarandina o jacarandana.[9] Este nombre viene de jácara,
derivado, a su vez, de la expresión jaque,[10] rufián.
Las jácaras[11] son una evolución literaria de
estos romances de germanía. Los temas de estas piezas consistían básicamente
en narrar las acciones delictivas de los rufianes, las peleas y la pasión por
el licor y el juego, sus temporadas de cárcel con los respectivos castigos (que
las más de las veces terminaban en la horca), su relación con las prostitutas,
la vida de éstas, y la crítica a la justicia.[12]
Quevedo frente al
género.
En la segunda parte de su disertación, que introduce la Musa V,
Terpsichore, de El Parnaso, Don
Giusseppe Antonio González de Salas define las jácaras como
Un “género de poesías” raro,
singular, y desemparentado de cuantos en lengua alguna, antigua o vulgar hoy,
puedan, a lo que yo alcanzo, ofrecerse a la estudiosa inteligencia. XACARAS se
apellidan éstas, que digo. Y si bien a la primera noticia que de sí prometen
con el nombre, parece peligra la estimación; la elegancia, el garbo, y el
donaire también, desmentirán después el descrédito. (310)
Y más adelante nos dice
que
Muchas jácaras rudas le habían
precedido entre la torpeza de el vulgo: pero de las
ingeniosas, y de donairosa propiedad y capricho, él fue el primero descubridor
sin duda; y, como imagino, el Escarramán
la que al nuevo sabor y cultura dio principio. (311)
El editor advierte que las jácaras
son un género vulgar, pero que en Quevedo se superan por “la elegancia, el
garbo y el donaire.” González de Salas considera a Quevedo el fundador o
“descubridor” de este nuevo talante de las jácaras “ingeniosas,” que luego se
van a cultivar abundamente en el escenario de la literatura del barroco
español. A este comentario reacciona Cortarelo y Mori:
Engáñose Salas; porque muchísimos años antes del Escarramán, de Quevedo, se habían compuesto los tres primeros
romances de los recopilados por J. Hidalgo, que por su lenguaje y estilo están
diciendo ser de mediados del siglo XVI y también anteriores son los otros ocho
que añadió el mismo Hidalgo y todos los cuales son artísticos y tan buenos como
el de Quevedo. Uno de ellos tiene fecha de 1570, año en que Quevedo no había
nacido. (…) Los romances que bautizó Don Giuseppe Antonio González de Salas con
el nombre de jácaras son 15, y lo mismo pudo llamárselo a otras 20 ó más
composiciones semejantes. Quevedo no usó la voz
jácara para estas obras.
(CCLXXIX)
Pero
si uno lee la antología de Hidalgo, encuentra que el comentario de González de
Salas era preciso. Los tres primeros romances de la colección de Hidalgo, que
menciona Cortarelo y Mori, si bien pueden ser divertidos y construirse sobre
los mismos tópicos, no tienen la preocupación por los juegos de ingenio que
orientan y definen los textos de Quevedo. Y lo mismo con los restantes. En los
romances de la antología de Hidalgo es mucho más abundante el uso de términos
de germanía (incluso, uno de los romances es una larga enumeración de las voces
propias de este sociolecto), como era propio de los tipos sociales sobre los
que se construían y a los que hacían hablar los textos. En Quevedo, el interés
no estribaba tanto en la acumulación de voces de germanía como en los juegos
de ingenio y agudeza verbal, aun a costa de que no fuera tan directa la
correspondencia entre locutor y voz, norma importante en la poesía del Siglo
de Oro.[18] La diferencia entre las jácaras de
Quevedo y los romances de germanía que le antecedieron estriba en la
articulación del conceptismo a los tópicos, el lenguaje y el formato mismo de
dichos romances; además de introducir en el género el formato de poemas epistolares
en pareja de envío y respuesta. Quevedo introduce al género de los romances de
germanía toda la carga conceptista de su genio, dándole una nueva dimensión,
vena que luego van a aprovechar otros escritores.[19] A este hecho se refiere Monique
Joly, comentando el texto de Alonso Hernández:
Nos encontramos, pues, ante una perfecta ilustración de la situación
descrita por José Luis Alonso cuando, al describir el papel tradicionalmente
asignado a Quevedo en la evolución de la jácara, afirma que, lejos de ser él el
que “la hace nacer,” es quien la entierra, explotando las posibilidades del
género de una manera exacerbada, conforme a su costumbre, y contribuyendo así
de manera decisiva a que éste quede, en lo sucesivo, “vaciado del lenguaje de
los que le dan nombre,” “desdramatizado” e “invadido por el baile,” con “un
aumento del aspecto musical en detrimento de los demás.” (Joly 1992)
De hecho,
González de Salas, había explicado esta “desnaturalización” del lenguaje propio
de estos romaces:
Y con este advertimiento
tienen decencia, y propio decoro algunos terminos, y pulidas locuciones, que de
otra manera parecieran impropiedad en las personas que se figuran. (Parnaso
311)
Es decir, hay
una inadecuación entre locutor y discurso, que se justifica en el afán de
dignificar el género. Por lo demás, tanto las jácaras de Quevedo como los
romances de germanía están al servicio de divertir. En ello como intención
primera y fundamental coinciden Hidalgo y González de Salas. Pero, al
divertimento propio del tema, el habla y las situaciones, Quevedo añade otro
elemento sustancial: los juegos de ingenio y agudeza verbal propios del
conceptismo. Esto le da una enorme popularidad a sus jácaras, pues a éstas
accede con gusto y satisfacción tanto el público más entrenado en vencer la
dificultad conceptista, que encuentra en el reto a su conocimiento e
inteligencia un enorme placer; como el menos entrenado, que encuentra en el
humor procaz su satisfacción.
Quevedo, si
no funda un nuevo género, sí le da una dimensión distinta, introduce una
variante que aleja sus jácaras de los romances de germanía. Aunque use la misma
estructura, los temas, el lenguaje, y los tipos sociales de dichos romances,
los transforma con la maravilla de su genio literario, los dignifica. A esto
apuntaba la bellísima frase de Borges que introduce este trabajo. Quevedo, el
“alfarero milagroso,” tomó “el barro sutil y quebradizo,” que es el lenguaje de
las jácaras, y lo amasó “en vasija de eternidad.” Veamos, entonces, cómo se da
esto, a través del análisis de una de sus jácaras.
3. Análisis de la jácara del Escarramán
La jácara del Escarramán tuvo un
éxito inmediato, lo que la hizo objeto de imitaciones y parodias muy tempranas.
Escarramán se convirtió en un verdadero hito de la literatura hampesca. Incluso
se ha sostenido que Escarramán fue un personaje real. Ya en la comedia de Salas
Barbadillo, Escarramán es saludado por sus compinches como: “!O
Capitán valeroso! / ¡O luz de España! / ¡O cabeza / de toda el andalucía / y
honor de Sierra Morena! ¡O padre de los gallardos!” (El valiente Escarramán 226).[20] Y muchos otros autores tuvieron
como héroe de sus comedias, jácaras y bailes a Escarramán; y son muchas las
variantes y versiones que se registran.
En efecto, a juzgar por los testimonios que conocemos (indicados algunos
por Menéndez Pelayo, Cortarelo y Astrana Marín) el éxito de esta jácara fue
fulminante. Debió de componerse hacia 1610-1612 y divulgarse, quizá, en pliego
suelto, puesto que en 1612 figura vuelta a lo divino en el raro libro de Gaspar
Serato titulado Relación berdadera que se
sacó del libro donde están escritos lo milagros de Nuestra Señora de la Calidad
de San Lucar de Barrameda (Málaga, 1612). Cf. Astrana Marín. De esta
temprana divinización tenemos abundantes testimonios. Lope de Vega fue uno de
los mejores y más tempranos admiradores, junto con Cervantes. En el conocido
pliego suelto de Lope, Segunda parte del
desengaño del hombre (Salamanca, 1613; Madrid, 1615, Pérez pastor,
Bibliografía Madrileña, III, No. 2257, con la copia), ya añadió “un
romance de Escarramán a lo divino”, que
comienza “Ya está metido en prisiones, / alma , Jesús,
tu galán”. En el auto de La puente del
mundo, la loa no es más que otra versión a lo divino, que principia “ya
está cifrado en la forma / tu querido y santo Isaac”, como ya señaló Menéndez
Pelayo. Otras dos referencia lopescas se hallan en Al pasar el arroyo (AN, IX, p. 265) y De cuándo acá nos vino (AN.
IX, p. 687). Otras versiones a lo divino en los mss. de
la Nacional 19307, f200v (“ya está enclavado en la cruz”); 4154, f265v (“Ya
está metido en prisiones”) y 3895, f. 140 (Ya está metido en prisión”). Janer,
p. 572b, cita, a su vez, el Cancionero, ms. 198 de Salvá donde figura un
anónimo Romance de San Pablo al tono de
“Escarramán…” (Blecua 261)
Y continúa Blecua señalando cómo el
éxito duró más de medio siglo. De hecho,
dada la amplitud de las variantes en las distintas versiones, él ha
consignado completas seis, tomadas de distintos manuscritos, aunque sostiene
que la más fiable es la de El Parnaso.[21] En este trabajo, me atengo a esta
versión.
tu querido
Escarramán,
que unos alfileres vivos
me prendieron sin
pensar.
y grillos vine a cazar,
que en mí cantan como en
haza
las noches de por San
Juan.
Entrándome en la bayuca,
llegándome a
remojar
cierta pendencia mosquito
que se ahogó en vino y
pan,
al trago sesenta y nueve,
que apenas dije “allá
va”,
me trujeron en volandas
por medio de la ciudad.
suelen los diablos llevar,
iba en poder de
corchetes
tu desdichado jayán.
para más seguridad
en el calabozo fuerte
donde los godos están.
Hallé dentro a Cardeñoso,
hombre de buena verdad,
manco de tocar las cuerdas
donde no quiso cantar.
de la sarta de la mar
porque desabrigó a cuatro
de noche en el Arenal.
se acogió con Cañamar,
aquel que, sin ser San
Pedro,
tiene llave universal.
Lobrezno está en la capilla;
dicen que le colgarán
sin ser día de su santo,
que es muy bellaca
señal.
nos venimos a encontrar
yo y Perotudo el de
Burgos:
acabóse la
amistad.
un jarro que fue
orinal,
y yo con medio cuchillo
le trinché medio
quijar.
Supiéronlo los señores,
que se lo dijo el
guardián,
gran saludador de culpas
y un fuelle de Satanás,
y otra mañana a las once,
víspera de
San Millán,
con chilladores delante
y envaramiento detrás,
a espaldas vueltas me dieron
el usado centenar,
que sobre los recibidos
son ochocientos y más.
Fui de buen aire a caballo,
la espalda de par en
par,
cara como del que prueba
cosa que le sabe mal;
inclinada la cabeza
a monseñor cardenal,
que el rebenque sin ser
papa
cría por su potestad.
cardo mis espaldas ya,
por eso me hago de
pencas
en el decir y el obrar.
Agridulce fue la mano,
hubo azote garrafal,
el asno era una
tortuga,
no se podía menear.
ser mayor que un
dromedal,
pues me vieron en Sevilla
los moros de Mostagán.
azote que echar a mal,
pero a traición me los
dieron:
no me pueden agraviar.
con voz de más claridad,
trujeron por
pregonero
las sirenas de la mar.
Invíanme por diez años,
(!Sabe Dios quién los
verá!)
a que, dándola de palos,
agravie
toda la mar.
dicen que me llevarán,
y a ser de tanta sardina
sacudidor y
batán.
Si tienes honra, la Méndez,
si me tienes voluntad,
forzosa
ocasión es ésta
en que lo puedes
mostrar.
Contribúyeme con algo,
pues es mi necesidad
tal, que tomo del
verdugo
los jubones que me da;
que tiempo vendrá, la Méndez,
que alegre te alabarás
que a Escarramán por tu
causa
le añudaron el tragar.
A la Pava de el cercado,
a la Chirinos, Guzmán,
a la Zolla y a la Rocha,
a la Luisa y la Cerdán,
a mama y a taita el viejo,
que en la guarda vuestra
están,
y a toda
la gurullada,
mis encomiendas darás.
de este mes que corre
ya,
el menor de tus rufianes
y el mayor de los de acá.
Como
el título mismo lo anuncia, este poema es una jácara, y, en consecuencia, está
escrita en el lenguaje poético del romancero nuevo, esto es, cuartetas de
versos octosílabos, con rima asonante en los versos pares. La estructura
temática se da en seis secuencias, así:
1.
( v. 1-8) Situación: preso.
2.
(v. 9-24) La circunstancia de su apresamiento.
3.
(v.25-84) Los acontecimientos en la cárcel:
jaques, peleas, castigos.
4.
(v. 85-96) La condena a galeras.
5.
(v. 97-108) Pedido de ayuda.
6.
(v. 109-120) Despedida.
El título nos
introduce, en primera instancia, al género epistolar, lo que implica un sujeto
que escribe y un destinatario de la carta. El escritor de la misiva es
Escarramán y su destinataria la Méndez. De Escarramán sabemos que es un héroe
de la jacarandina sobre el que se compusieron diversas jácaras, entremeses,
bailes, etc.; de la Méndez, que es la prostituta-amante-tributaria-protegida
de Escarramán, y sabemos también que Méndez es apellido que se asocia
burlescamente a prostituta.[23]
Luego del título se nos ubica en el género: jácara. Es decir, el poema
que se nos presenta es un romance que versará sobre temas de la vida del hampa,
lo que se hace evidente en la estructura temática ya señalada. Tenemos entonces
que se trata de una jácara en forma de género epistolar.[24]
Ya está guardado en la trena[25]
/ tu querido Escarramán, / que unos alfileres[26] vivos / me prendieron sin pensar. / Andaba a caza de gangas[27] / y grillos vine a cazar,[28] / que en mí cantan como en haza[29] / las noches de por San Juan[30].
Estos versos
precisan la situación enunciativa: Escarramán escribe desde la cárcel, donde
fue llevado por unos alguaciles que no le dieron tiempo de reaccionar. En los
versos 3 y 4 podemos notar el concepto “alfiler vivo,” que es un concepto de
inversión de propiedades[31] o prosopopeya:
dota de característica de animado lo que es inanimado. Este concepto se
construye sobre la metáfora lexicalizada “alfiler,” que en lengua de germanía
se usaba para referir al policial que llevaba a los detenidos a la cárcel. El
elemento sémico común que permite el surgimiento de la metáfora es “prender”
(que el poeta subraya en el verso siguiente, “me prendieron sin pensar”): El
alfiler prende la ropa, como el policial prende al reo. Pero, y ése es el
aporte de Quevedo, este concepto subraya la asociación “alfiler-alguacil” al
calificar al alguacil: “alguacil vivo.” La adjetivación origina una doble
dilogía:[32] alfiler
significa “alguacil” e “instrumento;” y vivo se refiere a “con vida” cuando
califica al objeto, y a “astuto” cuando califica al sujeto. Es decir, se
estructura un paralelismo disémico, en el que cada acepción de un término se
relaciona con una acepción del otro término: “instrumento” - “con vida;”
“policial” – “astuto.”
Detengámonos en
la segunda cuarteta. Los versos 6 y 7 se construyen sobre dos dichos populares
que tienen un significado común: andar perdiendo el tiempo, pero cuyo encuentro
en el poema los llenará de sentidos. Al hacer juntar estas dos frases hechas,
muy populares en la época, Quevedo juega con todas las acepciones. Gangas se refiere a “ave,” pero también
a “prostituta”; grillos se refiere a
“animales,” pero también a “aros de acero.” En la primera frase conviven tres
sentidos: cazar gangas se refiere a
“ejercicio de la caza,” a “perder el tiempo” y a “buscar prostitutas” (acepción
reforzada por el contexto de la taberna). En el segundo refrán conviven tres
significados: cazar grillos se
refiere a “perder el tiempo,” a “cazar grillos” y a “cazar los aros de acero”
(caer en prisión). Además, en esta última frase, el efecto de inversión
semántica provocado por la inversión sintáctica (el sujeto que caza grillos
termina cazado por los grillos de la prisión) nos hace entrar en un juego de
agudeza verbal: la asociasión cazar-casar (él se ha “casado,” es decir, unido a
los grillos). Entonces, en primera instancia, las dos frases mantienen su
significado original de cazar y su sentido figurado de perder el tiempo; pero,
por el contexto (que recuperamos adelante) de la taberna y el conocimiento del
oficio del jaque que vive de proteger prostitutas, entramos a otro nivel de
sentido para la primera frase: andar en busca de prostitutas (gangas son
“mujercillas ruines,” nos dice Correas). Con la segunda frase ocurre algo
similar, además de su significado literal y figurado, alude a su situación de
presidiario sujeto por los grillos a la cadena, consecuencia de la pendencia,
pero también, seguramente, de andar en la búsqueda de las prostitutas. Un
ejemplo maravilloso de cómo funciona el concepto. Sobre los sentidos
metafóricos ya construidos por la cultura, el poeta conceptista monta sus
conceptos, que hacen cohabitar múltiples acepciones en una estructura
tremendamente compleja. Pero, aparte del juego conceptista, es importante
señalar otra vía por la que se produce el divertimento: El encuentro de los
dichos es muy gracioso y burlesco, porque se construye sobre la ironía del
rufián que se burla de sí mismo, y porque la inversión linguística es muy
chistosa: él “caza” los grillos, cuando en realidad son los grillos los que lo
han “cazado” a él.
Pero allí no para
el ingenio de Quevedo, que continúa el juego disémico en los versos 7 y 8, a
través de un zeugma dilógico. Efectivamente, en estos versos la palabra grillos es elidida, lo que constituye el zeugma. Pero, como la acepción de grillos recuperada en la segunda frase es distinta que la
establecida en la primera, tenemos un zeugma dilógico.
En la primera frase (que en mí cantan los grillos)
se recupera la acepción “prisión”: Los aros de acero que lo detienen producen
ruido. En la segunda frase (como cantan
los grillos en haza) se recupera la
acepción “animal.” Esto es posible por la comparación burlesca entre el canto
de los grillos y el chirrido de los aros de acero, que es la que hizo surgir
la metáfora, ya lexicalizada e incorporada al espectro semántico de la palabra,
grillos-prisiones. Sobre esa metáfora se monta el
zeugma dilógico y se construye el concepto. Y sigue el poeta con el juego
conceptista: Haza aquí remite, por supuesto, al campo donde cantan los grillos,
sobre todo en esta temporada veraniega, pero podemos recuperar otro sentido:
haza es, también, el campo ocupado de las gavillas, después de la siega. Este
último vocablo, gavilla, se asociaba a un grupo de rufianes.[33] Así, se hace
referencia al ruido que producen los grillos que lo apresan a él y a los otros rufianes en la cárcel, que hacen
un “coro” como el de los grillos en el campo en las noches veraniegas, que es
cuando hay más grillos. Esto es, la cárcel está atestada de maleantes: hay
tantos grillos en el campo como miembros de la gavilla presos.
Entrándome en la bayuca,[34] / llegándome a remojar[35]/ cierta pendencia[36] mosquito[37] / que se ahogó en vino y pan,[38]/ al trago sesenta y nueve, / que apenas dije “allá va”, / me trujeron
en volandas[39] / por medio de la ciudad. / Como al ánima de el sastre[40] / suelen los diablos llevar, / iba en poder de corchetes[41] / tu desdichado jayán. / Al momento me embolsaron / para más seguridad
/ en el calabozo fuerte / donde los godos[42]
están.
Continúa el poema
con la explicitación de la circunstancia de su apresamiento. Escarramán estaba
tomando en la taberna, lo apresaron, lo llevaron a la cárcel y lo metieron al
calabozo de los delincuentes peligrosos.
Los versos 9-12
nos dicen que el lugar de la captura fue la taberna, y explican que el jaque
estaba bebiendo después de una riña. La expresión remojar construye dilogía: “beber” y “volver a.” El rufián llega a
beber, pero también a insistir en una pelea anterior. La yuxtaposición de los
sustantivos pendencia y mosquito hace que el segundo actúe como
adjetivo del primero, construyendo una doble dilogía: pendencia mantiene las dos acepciones: “jaque” y “pelea.” Mosquito, como adjetivo, significa
“borracho” y califica a pendencia (es
decir, rufián borracho), y, como sustantivo significa “persona amiga de este
licor,” un borracho. Entonces, pendencia
mosquito significa al mismo tiempo rufián borracho y pelea de un borracho.
Este sentido último se refuerza con el verso siguiente: que se ahogó en vino y pan.
Los versos 13-20
cuentan el encarcelamiento. Los versos 13 y 14, sirven al propósito de
caracterizar al jaque como gran bebedor, una de las propiedades de los jaques
importantes (además de buenos bailadores, buenos peleadores y buenos
jugadores).
Los versos 15-20,
se construyen sobre el tema tópico de los sastres a quienes, por ladrones, se
los lleva el diablo con su tridente.[43] La comparación
entre el sastre, a quien el diablo lleva ensartado en su tridente, y el jayán,
a quien llevan los policiales atenazado en sus manos (que son como garfios),
intensifica la asociación corchetes-policiales, y se logra la dilogía: corchetes mantiene las dos acepciones:
garfio y alguacil. Es decir, se actualiza la metáfora lexicalizada corchete-policial,
a través de asimilación entre sastre y jayán, que hace el concepto:
corchete-garfio-tridente-alguacil. Aparte del divertimento conceptista, en este
pasaje la diversión también se produce por la burla a los sastres.
Los versos 21-24 están al
servicio de caracterizar a Escarramán como un jaque importante, principal, pues
es internado en el calabozo de los godos. Esto se refuerza con la hipálage calabozo fuerte, que atribuye la
condición del contenido (presos fuertes) al continente (calabozo); hipálage que
a su vez está montada sobre una prosopopeya, que atribuye la condición de
animado fuerte a lo inanimado calabozo. Ahí el concepto.
Hallé dentro a Cardeñoso, /
hombre de buena verdad,[44]
/ manco de
tocar las cuerdas[45]
/ donde no quiso cantar.[46] / Remolón fue hecho cuenta / de la sarta de la mar / porque desabrigó
a cuatro / de noche en el Arenal.[47] / Su amiga la Coscolina / se acogió[48] con Cañamar, / aquel que, sin ser San Pedro, / tiene llave universal./
Lobrezno está en la capilla;[49] / dicen que le colgarán[[50] / sin ser día de su santo, /
que es muy bellaca señal. / Sobre el pagar la patente[51] / nos venimos a encontrar /yo y Perotudo[52] el de Burgos: / acabóse la amistad. / Hizo en mi cabeza tantos[53] / un jarro que fue orinal, / y yo con medio cuchillo / le trinché
medio quijar. / Supiéronlo los señores,[54] / que se lo dijo el guardián, / gran saludador de culpas[55] / y un fuelle[56] de Satanás, / y otra mañana a las once, / víspera de San Millán,[57]
/ con chilladores[58] delante / y envaramiento[59] detrás, / a espaldas vueltas[60] me dieron / el usado centenar, /que sobre los recibidos/ son
ochocientos y más. / Fui de buen aire a caballo, / la espalda de par en par,
/ cara como del que prueba / cosa que le sabe mal; / inclinada la cabeza / a
monseñor cardenal,[61] / que el rebenque[[62]
sin ser papa / cría por su potestad. / A puras pencas[[63] se han vuelto / cardo mis espaldas ya, / por eso me hago de pencas[64] / en el decir y el obrar./ Agridulce fue la mano, / hubo azote
garrafal, / el asno era una tortuga, / no se podía menear.[65]
/ Solo lo que tenía bueno / ser mayor que un dromedal,[66] / pues me vieron en Sevilla / los moros de Mostagán.[67] / No hubo en todos los ciento / azote que echar a mal, / pero a
traición me los dieron: /no me pueden agraviar.
En esta secuencia (25-84) entramos de lleno al mundo del hampa, las caraterísticas de los jaques, las peleas, los castigos. Los versos 25 a 29 son protagonizados por Cardeñoso, un jaque a quien ni siquiera la dura tortura de cuerda ha logrado convertir en delator. Se destaca el valor del jaque que padece dicho tormento sin romper el precioso código del hampa. Es ingeniosa la calificación (buena) del sustantivo (verdad), porque introduce una variante al dicho “hombre de verdad,” lo que se constituye en un guiño que lo reorienta semánticamente introduciendo la dilogía: se conserva, entonces, el significado primario: hombre recto –claro, en la axiología del hampa-; y se introduce el que le da el adjetivo: hombre cuya verdad es buena, esto es, deseada por los alguaciles que lo torturan. Luego viene otra doble dilogía: cuerdas, que refiere a “música” y a “tortura”; y cantar, que remite a “delatar” y a “entonar versos.” El humor descansa, precisamente, en estos juegos de agudeza verbal. También, por supuesto, en las situaciones y en los nombres de los protagonistas. En los romances de Germanía, los nombres derivaban de asociaciones burlescas: Cardeñoso, de Carda (rufianesca); Lobrezno, de lobo (ladrón); Remolón, de remolar (arreglar los dados par hacer trampa); la Cerdán, de cerda (cuchillo); etc.[68]
Los versos 29-33 resaltan el oficio de Remolón, ladrón de capas; y nos introduce a los castigos: Remolón fue enviado a galeras por el robo de cuatro abrigos. En los versos 34-37 asistimos a la infidelidad de la Coscolina y Cañamar, para destacar otra de las características asignadas a las gentes de la “carda”: la debilidad de sus relaciones, la traición, la deslealtad. En los versos 38-42, nos presentan otro de los castigos: la horca. El humor aquí radica en la burla introducida por la dilogía en colgar, que alude al mismo tiempo a la pena de muerte y a la tradición de festejar el cumpleaños colgándole una cadenita o cinta al cuello. Este tipo de chistes crueles producían gran hilaridad entre quienes escuchaban estas jácaras.
Los versos 41-49 versan sobre otra de las costumbres de la cárcel, consistente en que los reclusos nuevos debían pagar a los viejos y principales por su protección, “la patente.” También está al servicio de destacar la debilidad de las relaciones de estos jaques, cuya amistad no es óbice para que tengan que pagar, y para destacar la disposición permanente a la pelea y la fiereza de los mismos. El efecto cómico descansa en los elementos de la pelea, un orinal y medio cuchillo, y en la dilogía tantos que alude a “repetición” (le dio tantos golpes con el jarro-orinal) y a la “fragmentación” (Rompió en pedazos, tantos, el jarro en la cabeza).
En los versos 49-52, de nuevo surge el tema del delator que Quevedo trae a través de las metáforas saludador y fuelle, logradas por asociación con soplar, echar viento al oído cuando se delata. También se puede considerar que saludador constituye dilogía. En efecto, el guardián cumpliría la doble función de “soplar” y “castigar” que hacen parte del espectro semántico del término. Esto se refuerza con la coordinada y un fuelle de satanás, que sí alude exclusivamente a soplón. Juntar dos términos que comparten el mismo significado, tiene mayor impacto si uno de los dos términos posibilita una segunda salida más conceptuosa, una disemia.
Los versos 53-64 inciden en el tema de los castigos: por la pelea fue castigado con la tradicional azotaina pública, que consistía en sacar a los delincuentes a “dar un paseo” por la calle montado sobre un burro. En el camino recibían cien azotes. El cortejo estaba encabezado por unos pregoneros que iban gritando los delitos del castigado, mientras atrás venían los alguaciles que lo custodiaban. Todo con el objeto de hacer escarnio público, pues el cortejo era seguido por la multitud, seguramente divertida. Destaca aquí el expediente del jaque que ya ha recibido más de ocho veces el castigo, y su cinismo: El castigo fue un paseo y no en un burro sino en un caballo.
En los versos 65-68, el humor se concentra en la comparación rebenque-papa, dada la potestad del prelado para ordenar los cardenales y la del azote para hacerlos salir en la espalda del condenado. Cardenal entonces es dilogía: remite a “prelado” y a “roncha.” El juego se completa con la posición del jaque que inclina la cabeza para recibir el castigo como si estuviera ante un prelado.
Los versos 69-70, subrayan, de nuevo, la larga experiencia del rufián es estos castigos, a través de la dilogía pencas que significa “hoja del cardo” (que de tantas que tiene en su espalda ya ésta es un cardo) y “azote.”
Los versos 71 y 72 son un poco oscuros, pero si nos atenemos a la anotación de Crosby, servirían al propósito de subrayar que ese castigo ya no es disuasivo, gracias a que ya no le afecta, por ser tan reiterado. Entonces estaríamos frente a una difícil dilogía: me hago de pencas significa llenarse de “pencas,” como el cardo, que repite el sentido dilógico de los versos 69 y 70; y “actitud,” hacerse rogar.
En los versos 73-76 resalta el estado sicológico del castigado para quien el tiempo pasa lentamente, a través de la comparación asno-tortuga. Y en los siguientes, 77-80, el humor se construye en la ironía del jaque que se vanagloria de que, gracias al tamaño del asno, lo vieron hasta los moros de Mostagán, al otro lado del mar Mediterráneo. Se destaca el cinismo del jaque que, de nuevo, vuelve positivo lo que se le ofrece como escarnio. Los versos siguientes van a continuar con esta idea.
Los versos 81-82
vuelven a destacar el cinismo del jaque que siente que su honor queda limpio,
porque en el castigo fue a traición, de espaldas. Esto nos hace recuperar el
verso 57: a espaldas vueltas. En este
verso se hace una paráfrasis del refrán popular "A espalda vuelta
no hay respuesta," que recoge
la convicción popular de que las ofensas hechas sin el conocimiento de uno, a
su espalda, a traición no merecen respuesta. El poema juega con esta frase y
propone que los azotes recibidos en la espalda son como ofensas hechas a
espalda y no constituyen ofensa. En estos versos el humor se logra a través de
la burla que el cínico jaque hace del rigor del castigo: los azotes fueron
duros, pero no lo agravian, no lo corrigen.
En esta secuencia (85-96), se precisa la condena: diez años en galeras.
En los versos 85-88, el humor se construye sobre el juego de palabras “pregón”
del pregonero y “canto” de las sirenas (en alusión burlesca al mito); es decir,
lo castigan a remar como galeote en las galeras.
En los versos 89-96 el humor se centra en el juego de remar con castigar
la mar, como lo hace el batán con los paños. También puede uno suponer que sabe Dios quién los verá sugiera la
intención de escaparse.
Si tienes honra, la Méndez, / si
me tienes voluntad, / forzosa ocasión es ésta / en que lo puedes mostrar. /
Contribúyeme con algo, / pues es mi necesidad / tal, que tomo del verdugo/ los jubones[70] que me da, /que tiempo vendrá, la Méndez, / que alegre te alabarás/
que a Escarramán por tu causa / le añudaron[71] el tragar.
En esta secuencia, versos 97-108, el preso hace un pedido a su amante (era obligación que la protegida o “marca” le diera tributo al jaque al que pertenecía, de allí que otro sinónimo de prostituta era “tributaria,” en germanía). El humor se hace sobre el chiste amargo: la carencia es tanta que lo único que el jaque tiene es el castigo.
Los versos 105-108 son muy oscuros. Tal vez se quiere significar que la Méndez debe socorrerlo porque en el futuro él, como es costumbre en los jaques con sus “marcas,” peleará una pendencia de ella que podría conducirlo a la horca (anudar el tragar, entendido como “ahorcar”). Crosby sugiere que añudar el tragar vale por “ponerse alegre o borracho” (305).
A la Pava de el cercado, / a la Chirinos, Guzmán, / a la Zolla y a la
Rocha, / a la Luisa y la Cerdán, / a mama y a taita el viejo,[72] / que en la guarda vuestra están, / y a toda la gurullada,[73]/ mis encomiendas darás. / Fecha
en Sevilla, a los ciento / de este mes que corre ya, / el menor de tus rufianes
/ y el mayor de los de acá.
Esta secuencia última es la despedida. Se destaca la organización del
bajo mundo, donde la mancebía (el cercado) es manejada por un jaque viejo y
respetado (el taita) y por una alcahueta (la mama). En los versos finales se
hace una parodia de “la frase usual de despedida epistolar ‘el menor de los
criados o servidores, etc.’ que corrían ya en un chiste tradicional del marido
que escribe a su mujer y termina la carta firmando ‘el menor de los maridos de
vuestra merced’” (Shcwartz y Arellano, 1989: 351). El humor se logra con la
seguidilla de nombres chistosos, acompañados del determinante la, que, como ya lo anotamos, se asocia
a prostituta; con la parodia de las despedidas; y con la alusión, en la
despedida, a los azotes recibidos.
Podemos terminar subrayando que este texto recoge los tópicos fundamentales
de los romances de germanía (la vida de los jaques y prostitutas: sus
pendencias, los castigos, sus miserias, sus relaciones) y que abundan en éste
los más exquisistos juegos de ingenio y agudeza verbal amalgamados con el humor
llano. Texto que agradaba, como lo anotaba González de Salas, tanto al lector
exigente o ingenioso como al lector vulgar. No extraña, entonces, el éxito
inmediato de esta jácara.
Insistamos. Quevedo logra una dignidad literaria sin precedentes en los
romances de germanía: en una preciosa filigrana verbal bordada con maestría
suprema urde el más ingenioso concepto con el más burdo vocablo de la germanía
y hace comulgar el humor vulgar con la ironía ingeniosa, sin salirse de las
constricciones temáticas propias del género. Ése es el aporte tremendo de
Quevedo a estas piezas de la literatura española. Ahí el genio.
[1] Este trabajo no hubiera sido
posible sin la valiosa experiencia de asistir, como estudiante del programa
doctoral de Hispanic and Luso-brazilian Literatures, de Graduate Center (CUNY),
a dos seminarios sobre el barroco español dirigidos por la profesora Lía
Schwuartz. Ella nos enseñó una manera distinta y necesaria de aproximarse a los
textos del siglo áureo. La experiencia fue maravillosa, y mi agradecimiento y
mi recuerdo son permanentes. A ella dedico este trabajo.
[2] Es clásica la definición de
concepto que hace Gracián en su Arte de
Ingenio: “Consiste, pues, este artificio conceptuoso, en una primorosa
concordancia, en una armónica correlación entre dos o tres cognoscibles
extremos, expresada por un acto del entendimiento (…) De suerte que se puede
definir el concepto: Es un acto del entendimiento, que exprime la
correspondencia que se halla entre los objetos” (55). Y una definición más
reciente, que insiste en el concepto como el
producto de un ejercicio racional: “Ejercicio intelectual es, pues, el
que produce el concepto. Nace de una serie de relaciones establecidas entre dos
o más palabras, con que se describe o se modela un objeto poético. La mención
directa del objeto es sustituida por una mención figurada, indirecta, o por más
de una. Se crea así una red compleja de intrincadas asociaciones que resultan
difíciles de descodificar. La dificultad es un requisito del concepto: tanto
mejor será éste cuanto más recóndito su sentido y más complicado el conjunto de
relaciones lógicas puestas en juego. Pero todo concepto puede ser reducido a un
esquema lógico: la relación establecida entre las palabras en juego puede ser
analógica, antitética, seria o lúdica, pero nunca absurda” (Schwartz y Arellano,
1998: XV).
[3] A este respecto nos dice Gracián:
“Eran los conceptos hijos más del esfuerzo de la mente que del artificio (…) Lo
que es para los ojos la hermosura, y para los oídos la consonancia, eso es para
el entendimiento el concepto” (Gracián
51).
[4] A este tema se
refiere Monique Joly en su texto De
rufianes, prostitutas y otra carne de horca: “Se ha venido reconociendo
progresivamente que la Relación de la
cárcel de Sevilla de Cristóbal de
Chávez, cuya redacción se sitúa a lo que parece entre 1596 y 1591, fue acogida
con curiosidad y aplauso en los círculos intelectuales de la capital andaluza,
convirtiéndose casi enseguida en un filón repetida y jubilosamente aprovechado
por varios autores, entre los que destaca Mateo Alemán” (1).
[5] Para estudiar la estricta jerarquía
de la estructura social de la rufianesca, fijada por la literatura, véase el
valioso trabajo de Alonso Hernández (pág. 95 y sigts.).
[6] Sobre el romancero
nos comenta Margit Frenk Alatorre: “Aunque los primeros testimonios que se
conservan son del siglo XV, Menéndez Pidal nos dice que los orígenes del género
se remontan a los comienzos del siglo XIV, o poco antes, esto es a una época en
que los juglares todavían recitaban los cantares de gesta. Y como herederos de
éstos se nos muestran los romances en más de un aspecto. Al igual que la
epopeya medieval española, los romances desempeñaban, desde su nacimiento, una
misión social muy concreta: la de informar al pueblo sobre los acontecimientos
más notables del momento” (1970: XI).
[7] Tanto en el romancero viejo como en
el romancero nuevo “la métrica es igual: octosílabos con rima asonante en los
versos pares, pero en el romancero nuevo se regulariza totalmente el verso, se
intercalan elementos líricos (estribillos y cantares) y, además, se divide en
cuartetas lo que antes era una tirada continua de versos” (Frenk Alatorre,
1970: XVII).
[8] “Germanía. Del latín germanus,
hermano. F. Jerga o manera de hablar de los gitanos, o de ladrones y rufianes,
usada por ellos solos y compuesta de voces del idioma castellano, con
significación distinta de la genuina y verdadera, y de otros muchos vocablos de
formación caprichosa, o de origen desconocido o dudoso” (Salillas, 1).
[9] “La germanía es el lenguaje de los
maleantes en España en los siglos XVI y XVII. Este lenguaje recibe otros
nombres como jacarandana y jacarandina, jerigonza, algarabía e incluso más
moderadamente, argot. Jacarandina, derivado de Jácara y éste de jaque,
‘rufián,’ es propiamente la lengua de
los rufianes; por extensión (lenguaje de los ladrones, valentones, prostitutas,
etc.) funciona a veces como sinónimo de germanía, pero lo más frecuente es que
se emplee para designar al tipo de lenguaje en el que solían estar escritas las
jácaras, composiciones en verso breves que se recitaban o representaban en los descansos entre las obras de teatro o
al final de la representación; jácaras que casi siempre cantaban, o hacían
intervenir, historias de personajes del hampa, jaques, rufianes, ladrones, etc.
que se caracterizaban por un modo especial de hablar. (…) La jacarandina se
refiere principalmente a la representación escrita de la germanía en las
jácaras; representación que, por otra parte,
podía estar muy alejada de su utilización oral (las imitaciones jocosas
y burlescas de los lenguajes marginales son frecuentes)” (Alonso Hernández 10).
[10] “La palabra jácara, nacida de la germanía y como
todas las de este origen, voz de capricho y carácter burlesco, procede de la de
jaque. Jaque es el lance del juego de ajedrez que consiste en perseguir y
acosar alguna pieza principal del contrario y obligarlo a defenderla, aun a
costa de otras inferiores, so pena de que la pierda en el lance que sigue,
llamado mate, y con ella el juego o
la partida si la pieza principal es el rey. La razón de adaptar la voz jaque a los guapos y valientes de la
hampa resulta clara, porque estos jaques,
con su aire de reto y facilidad para sacar la espada, parecían estar siempre en
actitud de agredir y acosar a todo el que se le ponía por delante. El empleo de
esta acepción habrá comenzado en el siglo XVI, con el desarrollo de la
literatura picaresca” (Cortarelo y Mori
CCLXXIV).
[11] Jácara: “Romance o entremés breve,
de tono alegre, en el que suelen contarse hechos de la vida airada”
(Corominas).
[12] Sobre este tópico nos dice Herrera
Puga: “La simple generación de sus defectos es larga y severa, pero sobre todo
real. Destacan, disputándose la existencia de un primer plano, la crueldad, la
precipitación, la incompetencia, la falta de argumentación para proceder, sobre
todo en sentencias definitivas e irrevocables. Aún en los casos donde los
delitos y las leyes constaban con suficiente claridad, se procedió con notable
desequilibrio” (334).
[13]
“Italianos, franceses, portugueses, gallegos, vizcaínos y minorías
marginadas dentro de la península, como moriscos y negros, resultaban
ridiculizados en línea con el sentimiento xenófobo que subyace a la literatura
del Siglo de Oro” (Huerta 10).
[14] “El esquema general de una representación
quedaba, más o menos, así:
-Preliminares (golpes en el tablado, música, etc.)
-Loa
Comedia: jornada primera
-Entremés
Comedia: jornada segunda
-Baile
Comedia: jornada tercera
-Mojiganga, fin de fiesta, etc. (Huerta 10)
[15] Sobre las jácaras
y el modo de su representación podemos citar: “Aunque surgidas en un estadio
avanzado en la evolución de aquél {entremés}, fueron arraigándose cada vez con
mayor fuerza en la estructura del espectáculo, ofreciendo matices expresivos
nuevos” (Huerta 48). “Cantábase a principios del siglo XVII, a dos y a tres
voces por los músicos de la compañía, acompañados de sus guitarras y vihuelas y
aun del harpa, un tono que solía ser un romance pastoril, amoroso, caballeresco
o jocoso, pero que en ningún caso tocaba ni de cerca ni de lejos a la comedia
que seguía (…): el asunto del romance fue tal cual vez relativo a la vida y
fechorías de la gente hampesca, y así nació, naturalmente, la jácara” (56). “La
jácara no tenía lugar fijo en la representación, ni aun a veces señalaba un
aparte, descanso o intermedio en ella, yendo, por el contrario, incluida o
interpolada en el entremés, en el baile o en la mojiganga. Pero cuando iba
sola, precedía unas veces y seguía otras a la primera jornada, y en algunos
casos se cantaba inmediatamente antes del baile, aunque esto era raro”
(Cortalero y Mori III). “Se cantaba la jácara con una melodía o un ritmo
especial, y también se podía bailar. No era en principio un género teatral,
pero el público mostraba tanta afición a las jácaras que a veces exigía que se
representaran antes de terminarse la función” (Bergman 1970: 25).
[16] En el poema Doña Isabel la ladrona, de Quiñones de
Benavente, se recoge muy bien este aspecto del éxito de las jácaras: “En ese
mar de la corte… / donde vive entremetida /de suerte la jacaranda, / que desde
los moteruelos / se han subido a las guitarras, / y las que antes en cocheras /
apenas obrar osaban / ya en indianas barandillas / le dan silla y almohada: /
qué casada no la gruñe, / qué doncella no la labra, / qué viuda no la pellizca,
/ qué soltera no la carda, / qué mancebo no la tunde, / qué mozo no la batana /
qué hombre mayor no la roza, / qué muchacho no la masca, / qué estudiante no la
hace, / qué seglar no la traslada / qué sano no se la engulle / y qué enfermo
no la pasa?” (Bergman 1965).
[17] Emilio Cortalero y
Mori, cita los siguientes autores que compusieron jácaras: Quiñonez de
Benavente, 7; Calderón de la Barca, 2; Antonio Solis, 4 (dos a lo divino: A san Agustín, A san Francisco); Francisco de Avellaneda, 1; Muchas anónimas y de
autores menos conocidos, y muchas otras como parte de otras obras en:
Cervantes, Calderón, Avellaneda, etc.
[18] A propósito de este asunto leemos
en el estudio de Schwartz y Arellano, que intoduce la antología de Quevedo Poesía Selecta (1989): “En la tradición
de los tratadistas, los estilos estaban generalmente conectados con los géneros
literarios en los que se manifestaban; al mismo tiempo, el desarrollo de los
principios de la mímesis o imitación verbal, llevó a determinar la relación que
unía al estilo de un enunciado literario con la voz del personaje que lo emitía
o enunciaba (…) Esta estricta correlación entre elocutio y géneros, a su vez
conectada con el nivel social de los personajes representados, afecta a la
producción del texto literario, aunque no sea estrictamente mimético, como la
poesía lírica, cuyo estatuto era también objeto de examen en la época (…)
Expresarse era, para un poeta del Renacimiento o del Barroco, rehacer fórmulas
retóricas, recrear formas poéticas que la tradición había troquelado y que el
poeta reactivaba en su imitación” (32-34). Es también muy ilustrador al
respecto lo consignado por Lope de Vega en El
arte nuevo de hacer comedias: "Si hablare el rey, imite cuanto pueda /
la gravedad real; si el viejo hablare / procure una modestia sentenciosa"
(269-271). "Describa los amantes con afectos / que muevan con extremo a
quien escucha / los soliloquios pinta de
manera / que se transforme todo el recitante,
/ y con mudarse a sí mude al oyente" (272-276). "El lacayo no
trate cosas altas / ni diga los conceptos…" ( 286-287).
[19] Javier Huerta se lamenta de este
hecho: “Se nota, sin embargo, en la segunda etapa de su historia (del
entremés), una mayor complacencia por los juegos conceptistas (anfibologías,
retruecanos, equívocos, etc.) que, a mi juicio,
son demostrativos de la desviación del género de raíces populares”
(Huerta 46).
[20] En esta comedia se
encuentran múltiples relaciones intertextuales con la jácara de Quevedo: “Sabed
que hoy Escarramán / tuvo con ciertos cabritos / una pendencia mosquitos / que
se ahogó en vino y pan.”; “Rúa al pueblo y lo sabrás / por donde va este
arrogante/ con chilladores delante / y envaramiento detrás.”; “Agridulce fue la
mano, / hubo azote garrafal.”
[21] “Impresos: P8 341,
P9 243, y R. varios, 1663, p. 1 = A / R. varios, 1665, p. 396, y R. varios,
1664, p. 388= A1 / Pliego suelto, de 1613, utilizado por Astrana Marín = E / R.
varios, 1648, p. 195 = C / Hill, Poesías
germanescas, p. 233, cita variantes de textos CDF.
Manuscritos: 3940,
f. 173v = B / 3795, f. 324v = D / 19387, f. 202 = F / 3920, f. 282 = G.
(…) todos los textos que he podido estudiar son
absolutamente independientes, salvo en el caso de AA1 de clara tradición
impresa. Los restantes, menos B, exigen su edición aparte, dado el número de
alteraciones, ausencias y variantes importantes. Creo que podemos tener a A por
un texto más coherente y completo que los restantes” (Blecua 261 - 262).
[22] La Méndez: “En la poesía satírica y
en el teatro de la época, se solía anteponer el artículo definido a los nombres
de las mujeres rufianescas” (Crosby 298). “Méndez es nombre usual por su
vulgaridad en prostitutas” (Schwartz y Arellano 1989: p. 349).
[23] Méndez era una de las marcas
(prostitutas de propiedad de) de Perotudo, en el romance Perotudo : “Trahe tres marcas
godeñas / que le ganen el Cayrón. / La una era la Gámez, / la otra la Salmerón,
/ La otra era la Méndez, / Méndez de Sotomayor.”
[24] En otro poema del mismo Quevedo
aparece la respuesta de la Méndez que, por el contrato epistolar, da unidad a
los dos poemas, lo que es considerado una innovación de Quevedo, pues en la
poesía rufianesca no hay antecedentes de ello.
[25] Trena: Cárcel, en
germanía (Aut).
[26] Alfiler: “Otra acepción de ‘aguja’
es ‘alguacil’, al que también se llama alfiler, porque, como éste en sentido
literal, ‘prende” (Alonso Hernández).
[27] Ganga: “Es un
cierto género de ave palustre, dicha así por el sonido de la voz” (Cov).
Andar a casa de
gangas. “Perder tiempo pensando alcanzar una cosa que, cuando nos parece
tenerla ya en la manos, se nos desbarata; como acontece al cazador, que yendo a
tirar la ganga, la espera hasta que la tiene a tiro, y antes de que dispare el
arcabuz se le levanta, alejándose tan poco trecho que obliga a seguirla, y
burlándose al segundo y al tercer tiro y a los demás, le trae perdido todo el
día.” (Cov) // Andar a
casa de gangas: “Vale andar empeñado inútilmente en conseguir alguna cosa:
y se toma también en sentido contrario: esto es pretendiendo conseguir o hallar
algo sin trabajo o sin costa: como quien se lo haya.” (Aut) // Andar
a casa de gangas: “Gangas son aves no buenas, y por el sonsonete del
vocablo se entiende por mujercillas ruines y por cosas baladíes: andar a caza
de cosas de poca monta” (Correas 49).
[28] Grillos: “Cierto
género de prisión con que se aseguran los reos en la cárcel para que no puedan
huir de ella (…) llámase así porque en el ruido son semejantes al canto de los
grillos” (Aut).
Andar a caza de grillos: “Perder el tiempo en
procurar cosa, que pareciendo fácil de alcanzar se va entre las manos, y nunca
se cumple nuestro deseo.” (Cov) // Andar
a casa de grillos: “La raposa cuando no halla que comer, busca grillos; y
por metáfora, es ocuparse en cosas rateras y tener sin necesidad y andar sin
pro” (Correas, 49).
[29] Haza: “Propiamente
se llama así al campo donde se ha segado trigo u otra semilla, y que está
ocupado de los haces y gavillas que han hecho los segadores: y también se llama
así una cierta porción de tierras aunque no esté sembrada” (Aut). // “Se
dice también de la tierra sembrada” (Cov).
[30] “San Juan es el 24 de junio, tiempo
ya veraniego en que los grillos cantan” (Schwartz y Arellano, 1989: p. 347).
[31] Según la clasificación de Gracián
(Op. Cit).
[32] Dilogía, disemia: Palabra usada en
doble sentido, esto es que conserva dos o más acepciones de su espectro
semántico. Para el asunto de las dilogías, los zeugmas
y los demás juegos de ingenio y agudeza verbal siempre es muy ilustrador el
texto de Fernando Lázaro Carreter “Sobre la dificultad conceptista” en: Estilo barroco y personalidad creadora.
[33] Gavilla: “Metafóricamente se llama
la junta de muchas personas y comúnmente de baja suerte, sin orden ni
concierto: y así se dice gente de gavilla: gavilla de pícaros” (Aut).
[34] Bayuca: “Voz
jocosa y de la germanía. La taberna o lugar donde come o bebe la gente
ordinaria”(Aut). En Alonso Hernández aparece ‘bayunca’
y en Hidalgo ‘vayunca.’
[35] Remojar la palabra: “Frase que, entre la gente vulgar, significa ir
a beber a la taberna” (Aut).
[36] Pendencia: “En la germanía
significa rufián” (Aut).
[37] Mosquito: “Bien se
sabe cuántos mosquitos se crían en las bodegas aficionados al vino de ellas. Y
así, para dar a entender que una persona es amiga deste licor, suelen llamarlo mosquito, por el amor que unos y otros
le tienen” (Cov).
[38] Ahogar las pendencias: “Frase
burlesca con que se da a entender que alguna pendencia se compuso y acabó en la
taberna bebiendo vino” (Aut).
[39] “Por el aire, o levantado del
suelo, y como que va volando” (Aut).
[40] “El sastre que no hurta, no es rico por la aguja” (Correas 446).
Esta frase era muy popular en la época, pues los sastres eran tenidos por
ladrones en toda España.
[41] Corchetes:
“Instrumento para agarrar la carne. Por alusión se llamaron los ministros de
justicia que llevan agarrados los presos a la cárcel, corchetes, porque asen como estos ganchos” (Cov)
.
[42] Godo: “Voz de germanía que
significa rico o principal” (Aut).
[43] En la obra de Quevedo, la
referencia a esta condición de deshonestidad de los sastres se reitera
permanentemente. Quizá porque, además de haber padecido él mismo las trampas de
ellos, una de sus funciones como servidor del Duque de Osuna fue la de atender
los asuntos relacionados con sus trajes. A efecto de examinar las referencias
intertextuales en estas jácaras, veánse las anotaciones que Schwuartz y
Arellano hacen a las mismas en los dos textos citados en la bibliografía.
[44] Hombre de verdad: “El que siempre la dice, y tiene opinión, y fama
de ello” (Aut).
[45] Trato de cuerdas: “Castigo militar que
se ejecuta atando las manos atrás al reo, colgándolo de ellas en una cuerda
gruesa de cáñamo, con la cual se suben a lo alto, mediante una garrucha y luego
lo sueltan para que baje de golpe, sin que llegue a tocar el suelo” (Aut).
[46] Cantar: “En germanía, descubrir lo
que era secreto.” (Aut)
[47] Arenal: “Es el Arenal de Sevilla,
zona propicia para estos robos” (Schwartz y Arellano 1989: p. 348).
[48] Acogido: “Huido” (Hidalgo).
[49] Estar en capilla: “Fuera del sentido
recto de estar el reo previniéndose en ella para recibir la muerte:
metafóricamente significa estar uno aguardando un pesar, o una cosa de gusto,
que porque ha de suceder, la espera con esta ambiguedad, de que se origina su
cuidado” (Aut).
[50] Colgar: “Por
traslación se toma por regalar, dar o enviar alguna alhaja o presente a alguna
persona, en celebración del día de su nombre, o de su nacimiento: y porque este
cortejo, y demostración de ordinario se hacía echándole al cuello una cadena de
oro o plata, o una cinta rica de seda con alguna alhajita o relicario pequeño,
que quedaba pendiente del cuello” (Aut).
[51] Pagar la patente: “La contribución que
hacen pagar por estilo los más antiguos al que entra de nuevo en algún empleo u
ocupación” (Aut). Estilo aquí significa costumbre, uso.
[52] Jaque famoso en la literatura
hampesca. En la antología de Juan Hidalgo, el primer romance se llama Perotudo, y nos cuenta de la vida de
este rufián.
[53] “Hacer tantos es romper algo en
pedazos pequeños” (Schwartz y Arellano 1989: p. 349).
[54] Señores: “En germanía, los jueces”
(Alonso).
[55] Saludador: “El que
saluda. ” Saludar: “Proclamar a alguno rey o
emperador. Curar el mal de rabia por medio del soplo, saliva y otras
ceremonias, que usan. Se toma también por castigar dando golpes” (Aut). Saludador de culpas: “También formando
parte del grupo de sinónimos que se refieren al ‘delator,’ y se caracterizan
por la noción de ‘aéreo,’ encontramos ‘saludador de culpas’; evidentemente
relacionado con el de ‘soplar’ (…) Aunque es bastante probable que esta forma,
sólo empleada por Quevedo, no pase de ser una metáfora jocosa sin ningún
arraigo en la lengua hablada, me parece útil señalar que la asociación
saludador o embalsamador-soplón es explotada por el escritor en más de una
ocasión” (Alonso Hernández 127).
[56] Fuelle:
“Instrumento conocido para recoger aire y volverlo a dar” (Cov). “Instrumento
para avivar el fuego. En estilo festivo se llama al soplón” (Aut).
[57] “San Millán vivió en los siglos V y
VI, y era objeto de devoción tradicional en España; su fiesta se celebra el 12
de noviembre” (Crosby 301).
[58] Chilladores:
“Pregonero que va delante de los reos publicando el delito porque se hace la justicia
o castigo” (Aut).
[59] Envaramiento: “Número de alguaciles
y ministros de justicia” (Aut).
[60]A espaldas vueltas:
A espalda vuelta no hay respuesta:
“Que al que huye no hay que responder; y que a los que a nuestra ausencia
murmuran de nos, no hay que responder ni darnos por ofendidos, y es cordura no
hacerlo; ni tomarlo a venganza y ley de duelo” (Correas 13).
[61] Cardenal: “La
señal que deja el azote o el golpe en el cuerpo; de la color cárdena que se
causó de la carne magullada y sangre alterada en el lugar del golpe” (Cov).
[62] Rebenque: “El
azote con que el comitre castiga a los remeros, y díjose cuasi remenque, a remo” (Cov). “Un género de látigo,
hecho de cuero o de cañamo, de dos varas de largo, poco más o menos, y
embreado, al cual se le pone su mango, y sirve para el castigo de los galeotes
cuando están en la faena” (Aut).
[63] Pencas:
“Particularmente llamamos pencas las hojas y cimas de los cardos o de otra
planta semejante. Se llama al azote del verdugo, a forma, por ser ancha como la hoja del cardo” (Cov).
[64] Me hago de pencas: “Frase hecha que quiere decir, ‘no consentir
fácilmente en lo que se pide, aun cuando lo desee el que lo ha de conceder”
(Crosby 303).
[65] Menear: “Hacer con
prontitud y diligencia una cosa” (Aut).
[66] Dromedal:
“Dromedario / Por extensión se llama al caballo o macho que es muy corpulento”
(Aut).
[67] Mostagán: Ciudad de Argelia, cercana a Orán.
[68] Véase la nota a los versos 109-102
en Schwuartz y Arellano, 1989: p. 352.
[69] Batán: “Cierta
máquina ordinaria de unos mazos de madera muy gruesos que mueve una rueda con
el agua, y éstos hieren a veces en un pilón donde batanan y golpean los paños para que se limpien de aceite y se
incorporen y tupan” (Cov).
[70] Jubón: “Jubón de
azotes, porque se los ajustan a las espaldas” (Cov). “En estilo jocoso vale los
azotes que se dan por justicia en las espaldas” (Aut).
[71] Añudar: “Hacer
ñudos. Añudarse la garganta, no poder hablar por alguna pesadumbre” (Cov).
“Anudar: hacer nudo” (Aut).
[72] Padre: “Protege al ladrón.
Respetable (en el mundo marginal)” (Alonso).
[73] Gurullada: “La
junta o cuadrilla de personas que andan juntos y profesan amistad. En la
germanía significa tropa de corchetes o alguaciles” (Aut). “Criados del
alguacil” (Alonso Hernández).
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