Simetría y paralelismo en la construcción de Soldados de Salamina de Javier Cercas
(University
of Edinburgh)
Resulta del todo evidente que, como mínimo, Soldados de Salamina de Javier Cercas podrá pasar a la historia de
la literatura española como el primer gran éxito comercial del siglo XXI; la
calidad intrínseca del texto y las lecturas posteriores le asegurarán, muy
posiblemente, con permiso de la crítica, un lugar que por méritos propios
parece corresponderle. Soldados de
Salamina ha servido, de momento, para crear todo un subgénero de la novela
histórica centrado en la Guerra Civil, aunque muchos otros inauguraron el
camino con menor incidencia comercial y sin verse salpicados por la polémica
suscitada por la obra firmada por Cercas; me refiero a títulos como Luna de lobos de Julio Llamazares o Cambio de bandera de Félix de Azúa, por
citar solamente dos ejemplo concretos. Los estudios aparecidos hasta la fecha
sobre la obra de Cercas se centran principalmente en el tratamiento del héroe moderno,
o posmoderno, como es el caso del artículo firmado por Carlos Yushimito del
Valle, que refiriéndose al héroe sostiene que "decide actuar motivado por
sus propias convicciones y no condicionado en cambio por un grupo
colectivo" (3); la figura del autor-narrador integrada en el texto, lo que
resulta verdaderamente innovador, por lo menos en el nivel de implicación
presentado por Cercas, es analizado por Robert Spires: "La imagen
reflejada puede ser considerada una metáfora de como cualquier narrador es
visión, distorsionada poco o mucho, de su autor. No es el autor mismo o la
autora misma, sino una representación lingüística y así espectral de la persona
de carne y hueso" (83); y la reconstrucción de las hazañas de los héroes
republicanos y sus implicaciones en la memoria actual de los hechos que llevan
a Ana Luengo a la conclusión, desacertada o no, de que: "La única
intención es la construcción de una historia amena y de unos héroes puros que
puedan servir como monumento conmemorativo, para ensalzar a determinados
combatientes sin ninguna relectura política crítica" (270). Conclusión que
respeto, pero que me parece de lo más discutible.
La tesis de Spires se puede rebatir citando las palabras del
propio Javier Cercas desde Diálogos de
Salamina, libro aparecido después de la producción de la adaptación
cinematográfica llevada a cabo por David Trueba, donde ambos discuten los
pormenores de la obra tanto en su dimensión novelesca como en su versión en la
pantalla grande. Cercas sostiene que:
En la
novela, el autor y el narrador tenían que llevar el mismo nombre. (...) Por
muchísimas razones entre otras porque si todo el mundo --Sánchez Mazas, los
Figueras, Ferlosio, Trapiello, Bolaño, etc.-- aparecía con su nombre real, si
hubiera hecho eso, todo el mecanismo literario hubiera dejado de funcionar.
(94)
No por ello el personaje llamado Javier Cercas deja de ser una
máscara, sin embargo la aclaración del autor resulta contundente y lógica al
respecto. No en vano el propio Cercas, desde el prólogo de Relatos reales, expone que: "escribir consiste, entre otras
cosas, en fabricarse una identidad, un rostro que al mismo tiempo es y no es el
nuestro, igual que una máscara" (7). Por este motivo resulta más
convincente el planteamiento de Ken Benson en su análisis de la producción
literaria y columnística de Cercas: "Uno de los axiomas del pensamiento
literario de Javier Cercas se centra, precisamente, en los límites entre la
ficción y la experiencia de la realidad" (101); así, y refiriéndose tanto
a la labor periodística de este autor como a su obra Soldados de Salamina, expone que: "la estrategia es conformar
una máscara de 'hombre común' con el que puede identificarse sin dificultad un
'lector medio'" (103).
En relación a la lectura política acrítica que sostiene Luengo,
ésta parece un tanto incongruente cuando existe una clara evolución del
personaje principal que pasa del simple interés por escribir una historia y
nada más a una implicación clara en su búsqueda del héroe, que en todo momento
resulta ser Miralles, una especie de héroe desconocido que ni tan siquiera se
precia de serlo. Las referencias a Sánchez Mazas como provocador con su
oratoria incendiaria, en cierto modo, de la Guerra Civil española señalan una
clara toma de partido y una actitud crítica hacia los héroes olvidados y
desconocidos que defendieron una manera de pensar, una civilización, quizás sin
saberlo, y unos ideales que se han visto barridos por la euforia decadente de
la sociedad de consumo. Por lo tanto, me permito discrepar del planteamiento de
Yushimito, y más que ensalzar a un héroe individual que sigue sus propias
convicciones, Soldados de Salamina se
refiere a los héroes anónimos más que a su individualidad. Lo mismo ocurre en
el artículo "El error de Sancho Panza", integrado en la colección Relatos reales, donde se ensalza a:
aquel
(...) médico catalán, anónimo, ilustrado e insignificante, que eligió morir en
un amanecer radiante de septiembre de 1936 contra la tapia del cementerio de un
pueblecito sin nombre de Extremadura (...) rodeado de un puñado de jornaleros
desharrapados a quienes él había enseñado a leer, y que alcanzaron a verle
levantar, por primera y última vez en su vida, el puño cerrado y a oírle
gritar: "¡Viva la República! ¡Viva la libertad!" (105-6)
Para así mostrar su
implicación política, anteriormente desconocida por todos, y cuya toma de
partido y concienciación le llevarán al paredón. No obstante, este no es el
único caso en la producción literaria de Cercas. En el artículo "Los
Vitini", integrado en La verdad de
Agamenón (211-16), también encontramos la narración de las peripecias de
otros héroes olvidados.
Sin embargo, uno de los aspectos más relevantes de esta obra es
la presentación del tema, subrayando la evolución del personaje y su percepción
de un hecho concreto que ocurrió en un pasado tan remoto como la batalla de
Salamina. La construcción de un relato real, como le gusta llamarlo a Cercas,
mediante personajes reales salpicados de ficción aunque basándose en la
investigación de unos hechos concretos, conformará los cimientos principales de
los dos temas centrales de Soldados de
Salamina: la búsqueda del padre y el recuerdo de las personas desaparecidas
que permite que estás sigan viviendo mientras alguien se acuerde de ellas (Diálogos 21). Para ello el autor se
valdrá de una estructura realmente innovadora y de una serie de paralelismos y
simetrías que formarán el complejo andamiaje de la acción, simetrías que son
"fruto de la manipulación de la realidad, de la mentira, pero, gracias a
ellas, la novela deja de hablar de cosas concretas, deja de hablar de la España
del año 1939 o de la Gerona del 2000" (Diálogos
21).
La novela se fundamenta en toda una serie de paralelismos que
emergen de los diferentes ejes simétricos creados por el autor. A nivel estructural
la obra ofrece una división clara que consiste en sus tres distintos capítulos.
Nuevamente aquí podemos hablar de simetría. La primera parte, "Los amigos
del bosque", introduce la búsqueda del escritor protagonista. Una búsqueda
que no se diferencia demasiado de la clásica historia del escritor fracasado en
busca de una historia que lo saque del aprieto económico en que se encuentra.
Recuerda en gran medida las peripecias de Joe Gillies en Sunset boulevard, para buscar un parangón cinematográfico, donde el
personaje principal, encarnado por William Holden, se encuentra en serios
apuros económicos al no ser capaz de vender ninguna de sus ideas a los
productores cinematográficos de Hollywood, lo que desencadenará la acción
narrada.
Durante la primera parte, el protagonista de Soldados de Salamina encontrará la
historia que andaba buscando. La segunda parte, propiamente llamada
"Soldados de Salamina", es la narración en sí que había venido
investigando el protagonista, Javier Cercas: la historia que le contó Rafael
Sánchez Ferlosio acerca del fracasado fusilamiento de su padre, el político y
literato de orientación falangista, Rafael Sánchez Mazas. "Soldados de
Salamina" en gran medida no deja de ser el libro que prometió que
escribiría éste a sus benefactores, los amigos del bosque, narrando la
peripecia vital de todos ellos en los últimos días de la Guerra Civil durante
la ocupación del ejercito franquista de Cataluña. La parte final, "Cita en
Stockton", es una nueva búsqueda. La búsqueda de la pieza que falta en la
historia. Saber lo que no puede saberse, como se demuestra al final: ¿Por qué
decidió salvar la vida de Sánchez Mazas el miliciano republicano que le
permitió huir? ¿Quién era este hombre? y naturalmente, saber cómo en un momento
salpicado por la brutalidad y la violencia, un simple soldado prefiere perdonar
la vida a uno de los posibles culpables de aquella locura, de aquella cruel
guerra entre hermanos. La novela se beneficia de esta estructura que de manera
envolvente arropa la narración principal, que no la más importante, creando de
esta manera un marco perfecto.
Este marco, esta forma simétrica, aporta, se debe añadir, la
posibilidad de analizar un acontecimiento olvidado desde el presente de la
narración. Envolver un hecho histórico, la Guerra Civil, de toda una serie de
elementos procedentes de la actualidad, ayudando, de ese modo, a revisar el
pasado desde la que podríamos llamar, al modo de Unamuno, la intrahistoria, o
sea la historia vivida por la gente corriente, prescindiendo de los ampulosos
ropajes del discurso histórico científico y académico. En gran medida, Javier
Cercas desde Soldados de Salamina ofrece
una interesante aportación al género de la novela histórica mediante la
búsqueda del pasado desde la actualidad y mediante la escenificación de hechos
y personajes reales, aspecto que es de curso corriente en el género. Lo que
resulta altamente innovador es la manera de presentarlo. Con respecto a los
paralelismos citados, cabe señalar que éstos se ubicarán en el marco externo a la
narración principal, o sea la historia de Sánchez Mazas.
Con respecto a la simetría y los paralelismos, o llamémosles
contrastes como hace el propio Cercas, cabe resaltar la inclusión del artículo
"Un secreto esencial", aparecido en El País en su edición para Cataluña de fecha 11 de marzo de 1999, y
que se encuentra también inserto en la recopilación de artículos Relatos reales. En Soldados de Salamina, aparece porque, y como reza el texto: "a
su modo también es esencial para esta historia, lo copio a continuación"
(23). Esta columna periodística, que no deja de ser la génesis del libro
posterior, muestra el paralelismo entre las historias de Antonio Machado y
Rafael Sánchez Mazas, dos figuras equidistantes en el drama nacional de la
Guerra Civil, puesto que se posicionaron en bandos opuestos, ambos eran
escritores y cuando uno escapa milagrosamente de la muerte, el otro perece, más
o menos por las mismas fechas, en el exilio cuando ya no tiene fe en la
victoria de su bando. A su vez Sánchez Mazas, apostado en los bosques, espera
su salvación definitiva mediante el avance de los suyos. El artículo "Un
secreto esencial" se convierte así en el punto de partida de la
investigación por parte del Javier Cercas protagonista, partiendo de un
artículo que firmó el Javier Cercas real, y de ese modo se inserta en el juego
de pararelismos, contrastes y simetrías propuestos en la novela: "la
simetría y el contraste entre esos dos hechos terribles --casi un quiasmo de la
historia-- quizá no era casual y que si conseguía contarlos sin pérdida en un
mismo artículo, su extraño paralelismo acaso podía dotarlos de un significado
inédito" (23). El artículo se reproduce completo con el único cambio de la
primera palabra del texto. Si en Soldados
de Salamina dice: "Se cumplen sesenta años de la muerte de Antonio
Machado" (24), en el artículo original, reproducido en Relatos reales se lee: "Acaban de
cumplirse..." (Relatos 153), con
lo cual se produce un ligero proceso de actualización sin adecuarlo en absoluto
al nuevo texto, pues el resto aparece en su integridad. Evidentemente, el autor
sí consiguió dotar a ambos acontecimientos, especialmente el concerniente a
Sánchez Mazas, y su contraste, de un significado inédito.
En gran medida la búsqueda de este significado que emana de estos
dos entes de oposición será el eje central de la novela. La polarización
desmesurada que llevó al país al drama de la Guerra Civil puede ser analizado a
través de los dos escritores, enfrentados naturalmente, aunque quizás por
motivos ajenos a ellos mismos. En el caso de los hermanos Machado, citados en
el artículo también, este elemento se realza todavía más al encontrarse
enfrentados dos hermanos, uno en cada bando. Sin embargo, hay una aportación
subliminal por parte de otro escritor, en este caso Jaime Gil de Biedma al
incluirse sus versos procedentes del poema "Apología y petición",
encuadrado en el libro de poemas Moralidades
publicado en México en 1966 y que es citado en "Un secreto esencial"
y que son los siguientes: "De todas las historias de la Historia/ sin duda
la más triste es la de España,/ porque termina mal" (Relatos 156, Soldados 26).
La estrofa completa dice lo siguiente:
De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza. (82)
La inclusión de la primera mitad de la estrofa en Soldados de Salamina sirve para cerrar
el artículo y enfatizar su conclusión, pero también aclara ciertos
planteamientos por parte del autor, puesto que Gil de Biedma siempre se
manifestó en franca oposición al régimen franquista, a pesar de proceder de una
familia acomodada que, ésta sí, había ganado la guerra. La no inclusión de la
estrofa completa obedece a la economización del espacio en la prensa
periodística y porque el lector interesado ya se encargará de buscar el poema
completo, cuyo significado puede, ¿por qué no?, aplicarse a los versos que sí
son citados. Naturalmente, el Cercas periodista solamente necesita del concepto
introducido por Gil de Biedma: el triste resultado de la Historia de España,
léase la victoria franquista en el contexto de 1966, en pleno período
franquista, resultado de la guerra que tiene lugar en la novela y que destroza
infinidad de vidas, como por ejemplo los amigos de juventud de Miralles,
procedentes, como él, de Terrassa, en la provincia de Barcelona. "Murieron
todos... Ninguno probó las cosas buenas de la vida: ninguno tuvo una mujer para
él sólo, ninguno conoció la maravilla de tener un hijo y de que su hijo, con
tres o cuatro años, se metiera en su cama, entre su mujer y él" (200).
La simetría Machado-Sánchez Mazas acabará por convertirse, a
través de la novela, en un nuevo ente de oposición: Sánchez Mazas-Miralles, el
cual parece ser el héroe que emerge de los distintos entes enfrentados.
Casualmente es el único personaje totalmente inventado de la novela. Existe el
personaje que Bolaño presenta en su narración de un hombre que luchó en las dos
guerras consecutivas, la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial, que
luego Cercas convierte en su solución literaria en la novela (Diálogos 116-19).
De la búsqueda del anónimo soldado republicano que decidió
salvar la vida del líder fascista, al que sin duda debía de conocer por su
notoriedad pública en los días de la Segunda República, emerge la búsqueda del
padre; idea que surge de la narración de Sánchez Ferlosio en las primeras
páginas de la novela y que dispara el interés del Javier Cercas protagonista.
Al principio, Cercas es
un escritor frustrado, incapaz de escribir, literalmente enfermo porque no
escribe, y al final de la novela se encuentra a sí mismo como escritor y,
naturalmente, escribe Soldados de
Salamina, el libro que estamos leyendo. Y, al principio, Cercas ha perdido
a su padre y al final lo encuentra: quiero decir que encuentra a Miralles (el
antiguo comunista superviviente a todas las batallas del que le habla Roberto
Bolaño y sobre el que fabula con la posibilidad de que sea el miliciano que
salvó la vida a Sánchez Mazas), que es una especie de padre simbólico o
histórico, no sé, el caso es que encuentra a Miralles, y por eso, porque es el
padre que perdió y ahora recupera, se abraza a él. (Diálogos 19-21)
Por ese motivo se inicia el juego de las simetrías en el
desarrollo del libro. Cabe entonces resaltar el hecho de que el inicio del
libro: "Fue en el verano de 1994, hace ahora más de seis años, cuando oí
hablar por primera vez del fusilamiento de Rafael Sánchez Mazas" (17) y
que se repite en las páginas finales cuando el narrador nos cuenta lo
siguiente: "Vi mi libro entero y verdadero, mi relato real completo, y
supe que ya sólo tenía que escribirlo" (209) y es en ese preciso instante
que repite la frase inicial en su totalidad. De este modo el libro termina en
el mismo punto en el que empezó con toda su peripecia interna y su estructura
cíclica que vuelve al punto de partida. Pero como he venido refiriendo en
páginas anteriores los paralelismos se suceden constantemente en esa caja china
que resulta ser Soldados de Salamina,
especialmente en los capítulos primero y tercero y que envuelven el relato real
de "Soldados de Salamina", aunque el propio Cercas protagonista
admita ciertas inseguridades en la construcción de este relato: "A partir
de este momento el rastro de Sánchez Mazas se esfuma... Así pues, lo que a
continuación consigno no es lo que realmente sucedió, sino lo que parece
verosímil que sucediera; no ofrezco hechos probados, sino conjeturas
razonables" (89). Algo similar ocurre en la siguiente novela de Javier
Cercas, La velocidad de la luz, sin
que por ello se pueda hablar de una fórmula repetida.
Los paralelismos se suceden en Soldados de Salamina, y si en la primera parte la historia que
cuenta Sánchez Ferlosio se convertirá en el inicio de la búsqueda por parte del
periodista llamado Javier Cercas, a su vez una narración sobre la búsqueda del
padre puesto que de haberse consumado el fusilamiento de Sánchez Mazas, la
experiencia de la realidad por parte de Sánchez Ferlosio se hubiera visto
afectada en gran manera. En la tercera parte, titulada "Cita en
Stockton" nos encontramos a otro personaje real, otro escritor, en este
caso Roberto Bolaño que ayudará al Javier Cercas protagonista a completar su
historia, aquélla en la que algo falta, igual que la hoja del cuaderno de
Sánchez Mazas desaparecida o las palabras que debió de decir Manuel Machado a su
hermano José en Colliure. De este modo los dos escritores se convierten en
ayudantes en la consumación de aquello que el protagonista anda buscando: la
narración de una historia, la escritura de un libro que le haga famoso, que
además intenta ser "una suerte de biografía" (143) de otro escritor.
La inclusión de los versos de Jaime Gil de Biedma también juega
un papel de clara simetría, además de una especie de leit-motiv. La triste Historia de España que termina mal se
convierte en uno de los elementos propulsores de la narración y la intención de
desvelar el misterio de aquel miliciano (26) en el capítulo titulado "Los
amigos del bosque", pero también en una de las conclusiones a las que
llega el periodista investigador: "'¿Termina mal?'. Pensé: '¡Y una mierda
para la Transición!'" (175), como le había sugerido un lector del artículo
"Un secreto esencial" sobre Machado y Sánchez Mazas. Por ello el
periodista-escritor concluye que la absurda masacre de la Guerra Civil produjo
unos años de terrible oscurantismo y represión que el proceso democrático no
llegó nunca a paliar del todo, sumiendo a toda una serie de héroes
desconocidos, como es el caso de Miralles, en un total y oscuro anonimato.
Las simetrías no se detienen aquí, si no que se encuentran
dispersas por todo el texto con especial mención en los capítulos primero y
tercero, y en menor medida, en el capítulo central que contiene el relato,
llamémosle así, real, a partir del cual surge la novela. La búsqueda del padre
tiene toda una serie de paralelismos entre el padre desaparecido del Cercas
protagonista, lo cual se puede reiterar que no es cierto, pero que sirve como
exploración para el autor. De ese modo encontramos un claro paralelismo entre
el padre del protagonista y el padre real de Jaume Figueres, hijo de uno de los
amigos del bosque, para llegar a la conclusión de que el padre buscado es
Miralles:
mientras
vagamente le escuchaba, se me ocurrió que Miralles tenía la misma edad que
hubiera tenido mi padre de haber estado vivo; el hecho me pareció curioso; más
curioso aún me pareció haber pensado en mi padre, precisamente en aquel momento
y en aquel lugar. Pensé que, aunque hacía más de seis años que había fallecido,
mi padre no estaba muerto, porque todavía había alguien que se acordaba de él.
Luego pensé que no era yo quien recordaba a mi padre, sino él quien se aferraba
a mi recuerdo, para no morir del todo. (187)
Lo que enlaza con el
inicio de la novela: "Tres cosas acababan de ocurrirme por entonces: la
primera es que mi padre había muerto; la segunda es que mi mujer me había
abandonado; la tercera es que yo había abandonado mi carrera de escritor.
Miento" (17). Evidentemente, miente porque a pesar de pretender aportar
una voz claramente documental, ninguno de los tres elementos resulta ser verdadero
si tenemos en cuenta las peripecias de Javier Cercas como autor del texto,
nombre que coincide con el del protagonista.
Otro motivo simétrico en esta estructura perfecta que es Soldados de Salamina resulta ser el
viaje. En la primera parte, el viaje de placer a Cancún ayuda al protagonista a
poner en claro sus ideas e iniciar el proyecto del libro: "durante esos
días tuve tiempo de poner en orden mis ideas acerca [del libro] y de comprender
que el personaje [Sánchez Mazas] y su historia se habían convertido con el
tiempo en una de esas obsesiones que constituyen el combustible indispensable
de la escritura" (50); mientras que en la tercera parte el viaje a Dijon
se convierte en la búsqueda del miliciano que decidió salvar la vida del
personaje mencionado anteriormente y la consecución definitiva de la escritura:
"en el ventanal, a mi lado, la imagen ajena de un hombre entristecido que
no podía ser yo pero era yo, allí vi de golpe mi libro. El libro que desde
hacía años venía persiguiendo, lo vi entero, acabado, desde el principio hasta
el final, desde la primera hasta la última línea" (208). De este modo, el
viaje se convierte en la búsqueda y el descubrimiento, además de la consecución
definitiva de la historia. La simetría resulta así perfecta en la construcción
de la novela con claros indicios metanovelísticos, no en vano el propio Cercas
ha declarado lo siguiente: "en teoría todo está en función de todo; una
novela es un edificio: si le quitas un ladrillo --no digamos una pared--, se
viene abajo" (Diálogos 83). De
ese modo el motivo del viaje se convierte también en la búsqueda de sí mismo
para el escritor. Inicia la investigación de los acontecimientos relacionados
con el fallido fusilamiento de Sánchez Mazas, para luego buscar al verdadero
héroe de la historia, con lo que el protagonista va madurando, a la vez que
implicándose, en sus convicciones políticas.
En la construcción de la trama, además de los paralelismos y
simetrías comentados, juegan un papel fundamental toda una serie de leit-motivs que van reapareciendo
constantemente en el curso de la narración. Además de la reiterada alusión a la
escritura de una historia titulada "Soldados de Salamina", el libro
que Sánchez Mazas jamás escribió a pesar de habérselo prometido a sus amigos
del bosque (73), aparece repetidas veces el comentario acerca de la frase de
Oswald Spengler sobre un pelotón de soldados que acaba salvando al mundo y que
se encuentra en los tres capítulos de la novela, sea citando al líder
falangista José Antonio Primo de Rivera (38), al propio Spengler (86) o
aplicado a Miralles como verdadero componente de ese pelotón dispuesto a salvar
a una civilización, quizás sin saberlo (195). El otro leit-motiv menos obvio pero todavía más recurrente es la mención a
la canción "Suspiros de España", por la cual descubrirá en cierto
modo la identidad de Miralles como salvador de Sánchez Mazas. La primera vez
que aparece la canción de Álvarez y Quintero en el texto, el protagonista la
oye en las calles de Gerona interpretada por dos gitanos jóvenes mientras
espera a uno de sus informadores, el hijo de uno de los amigos del bosque:
"Oyendo tocar y cantar a los gitanos pensé que ésa era la canción más
triste del mundo; también casi en secreto, que no me disgustaría bailarla algún
día" (49). Esa misma canción la cantó el miliciano que le salvó la vida a
Sánchez Mazas como él mismo narra según el testimonio de Daniel Angelats, uno
de los amigos del bosque, que el protagonista decide incorporar al relato
porque le resulta una historia creíble (119). El soldado que en un acto de
humanidad salvó al líder fascista: "se puso a cantar Suspiros de España en voz alta, y sonriendo, como dejándose
arrastrar por una fuerza invisible se levantó y empezó a bailar por el jardín
con los ojos cerrados" (122), y muy probablemente es esa canción la que
baila Miralles en el camping con su amiga, "un pasodoble muy triste y muy
antiguo (o eso es lo que entonces le pareció a Bolaño) que muchas veces le
había oído cantar a Miralles" (162). Finalmente el tema musical se convierte
en la pieza clave para descubrir que Miralles es el soldado salvador, aunque no
lo admita o decida no aceptarlo abiertamente. La prueba irrefutable para Javier
Cercas, el protagonista de la novela, resulta ser la composición musical:
"Sánchez Mazas conocía al soldado que le salvó. Una vez lo vio bailando un
pasodoble en el jardín del Collell. Solo. El pasodoble era Suspiros de España" (204), le comenta a Miralles que no
responde directamente a la cuestión y se limita a sonreír hasta que le pregunta
si es aquel miliciano, a lo que responde que no. De esta manera, el leit-motiv de la canción "Suspiros
de España" se convierte en una especie de conexión que mantiene en pie el
edificio estructural sin que por ello sea un elemento claramente visible. La
aparición reiterada del tema irá uniendo a los distintos personajes y dotando
de significado su relación con el caso. La del pasodoble, citada en una de sus
estrofas (49), viene a cargarse de significado al verse obligado Miralles,
primero a huir de España y luego a permanecer en Francia al no habérsele
reconocido su sacrificio en su propio país, donde, durante la dictadura
franquista, no dejaría de ser un prófugo, y durante la transición un olvidado
más de la Historia, de esa historia que según Gil de Biedma termina mal.
Por ello, Soldados de
Salamina no deja en ningún momento de pretender pagar una deuda. En
principio, la idea de escribir "Soldados de Salamina" es una deuda
con los amigos del bosque que Sánchez Mazas no cumplió, pero en el contexto
general de la obra se convierte en el pago de una deuda histórica, la que los
españoles debemos a los que defendieron los derechos democráticos, como
Miralles, y a los que el proceso transicional sumió en el más absoluto olvido.
El motivo del viaje, entonces, resulta fundamental porque se inicia en un punto
(la peripecia de Sánchez Mazas) para acabar dirigiéndose hacia otro punto
completamente distinto (la búsqueda del miliciano que lo salvó), y lo hace
cargado de lirismo mediante otro viaje que hizo un soldado bajo otra bandera
para defender los valores de la humanidad en las magistrales últimas líneas del
texto:
llevando
la bandera de un país que no es su país, de un país que es todos los países y
que sólo existe porque ese soldado levanta su bandera abolida, joven,
desharrapado, polvoriento y anónimo, infinitamente minúsculo en aquel mar
llameante de arena infinita, caminando hacia adelante bajo el sol negro del
ventanal, sin saber muy bien hacia dónde va ni con quien va ni por qué va, sin
importarle mucho siempre que sea hacia delante, hacia adelante, hacia adelante,
siempre hacia delante. (209)
Evidentemente "el sol negro del ventanal" se refiere
al tren donde viaja el escritor y donde ve su propia imagen reflejada cuando
por fin tiene el concepto de su libro ya completado, con lo que se aúna con la
figura del verdadero héroe de la narración: el miliciano gracias al cual existe
toda la historia. Después de todo viene a ilustrar un concepto que Javier
Cercas ha comentado otras veces: "la única patria de un hombre valiente es
su conciencia" (Relatos 188). De
no haber salvado la vida de Sánchez Mazas el libro no hubiera sido posible en
primera instancia, además de muchas otras cosas. Por ese motivo Soldados de Salamina se carga de
contenido e intencionalidad al homenajear a ese héroe desconocido pero
fundamental e imprescindible.
El título de Soldados de
Salamina viene a decirnos que se produjo en una época remota como señala el
propio texto (Soldados 43) porque en
cierto sentido para las nuevas generaciones de españoles la Guerra Civil no
deja de ser un acontecimiento lejano en el tiempo, pero con ello Cercas nos
traslada a ese pasado remoto que analiza desde las aventuras de un escritor
actual en busca de una historia que escribir. De esta manera reivindica el sacrificio
de muchos españoles en la defensa de las libertades y su heroicidad no
reconocida. Resulta importante destacar que Esquilo, que sí fue soldado en
Salamina, escenificó Los persas, que
según Gilbert Murray: “It gives a detailed account of the great decisive
battles of the world fought more than two thousand four hundred years ago; an
account by one who was not only a eye-witness but a combatant" (7). Esquilo prefirió llevar al teatro la tristeza y el pesar de la derrota de
los persas más que el absurdo regocijo de los griegos vencedores, aunque
también en aquel momento se encontrara en juego una civilización. De ahí parece
surgir la idea de presentar al derrotado, un viejo y cansado Miralles, que en
el fondo es el héroe olvidado de uno de los acontecimientos más desgraciados de
la Historia europea.
Javier Cercas con su novela que pretende ser un relato real, lo
que se repite en reiteradas ocasiones a lo largo del texto, por lo que se
convierte en otro de los varios leit-motivs,
ha aportado un nuevo concepto de novela histórica. A través de un
acontecimiento, en este caso verdadero, que tuvo lugar en el pasado y
respetando los aspectos propios de la época narrada, lo hace mediante una
historia plagada de personajes reales, cuando en la novela histórica solamente
con uno sea suficiente. Algo que nos muestra desde el prefacio de la obra en su
nota del autor: "Muchas de las personas con las que estoy en deuda
aparecen en el texto con nombres y apellidos" (13). Más adelante expone
que está escribiendo un relato real: "Será como una novela --resumí--.
Sólo que, en vez de ser todo mentira, todo es verdad (68). Posteriormente se
contradice: "Y no es una novela. Es una historia con hechos y personajes
reales. Un relato real" (166), lo que no deja de poner de relieve la
voluntad documental al narrar la historia, aunque esto sea materialmente
imposible puesto que el narrador tendrá que intervenir y explicarse: "Esta
versión de los hechos es a mi juicio fiable" (133). En parte porque
atrapar la realidad de un tiempo pasado, como igualmente ocurre con el actual,
son una misión imposible. Por eso la función del escritor es la de catalizador,
como sugiere desde Diálogos de Salamina:
En el
fondo, yo me siento poco responsable de este libro: sólo he sido el
catalizador, el tipo que pasaba por allí, un poco por azar y otro poco por
necesidad, el imán que está receptivo y a quien se le van adhiriendo una serie
de elementos y de historias que al final, sin saber muy bien cómo ni por qué,
acaban cristalizando en un libro. (55)
La vocación documental del texto es uno de los aspectos
cruciales del éxito y el elemento más novedoso en la creación de Javier Cercas,
pero también en la narrativa española peninsular de los albores del siglo XXI. Soldados de Salamina se convierte así en
una magnífica aportación narrativa. Si como dice Cercas: "mi aspiración ha
sido mentir en lo anecdótico, en lo particular, para poder decir la verdad en
lo esencial" (130), se puede decir que lo consigue. Algo que ya se propuso
en el artículo "Un secreto esencial", que es en gran medida la
génesis de una de las novelas más atractivas de la narrativa del siglo XXI.
Benson, Ken.
"Fronteras entre ficción y dicción: Rosa Regás, Enrique Vila-Matas, Justo
Navarro
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