No
somos nada
Juan Antonio González-Cantú
University of Texas at
Brownsville
Cuando
Elpidio salió de su casa muy de mañana,
antes que saliera el sol, no sabía si regresaría o no al fin de la jornada: era
beviernes , día por excelencia de chelas, albures y bares. Claro que a veces (casi siempre, es decir) le
seguía con sabadito alegre, o sabadrink
como dirían los gringos de la
maquiladora; y siguiendo tradiciones y costumbres, hasta el dormingo podría constituirse en secuela
de la jornada labioral. Eso del glu…glunes
, sin embargo, no comulgaba ni con su religión, ni con sus ideas: la raza se reventaba el lomo toda la semana
para aspirar a un fin de reventón y juerga.
Era entonces cuando el Parto de
Baco se convertía en hogar, confesionario, club de apuestas, luego… club de “apestas”,
y finalmente, hasta un “beodo indecente… ya no le sirvan…mándenlo al
carajo, pos’ qué leña…”, se dejaba escuchar.
En tan disímbolo ambiente Elpidio
disfrutaba el llegar y ponerse a bailar con la Carmela. Cuando llegaba, inmediatamente se escuchaba
en la rockola a la Santanera con eso
de “…me estoy poniendo viejo…enseñame a
vivir…”. Con marcados pasos dobles
daba rienda suelta al cuerpo, seguido
por el cadencioso balaceo de la dama que disfrutaba del ritmo cimbreando su
humanidad al compás de cadencias
rítmicas. En los intermedios, seguían
las “chelas”, y después, “más chelas”,
y luego, “pos, hasta que se acaben las
chelas, no faltaba más’n ”.
Los pasos entorpecían con el tiempo –y el consumo- hasta que ya medio ahogado por el licor no se sabía ni dónde quedó la bolita, es
decir…la damita, ni tampoco dónde quedó la raya. Lo bueno es que ahí tenía crédito:
Chalío –el
cantinero- le fiaba hasta el puente nuevo, y vaya que sí…El problema sería que
se lo cobrara, claro.
2
El dieciséis de junio fue un típico fin de semana. Le pagaron; clavó los vales en la bolsa de
atrás de pantalón; dejó mil pesos en la cartera, y salió a darle gusto al
gusto. Al llegar a su destino se percató
que la Mela no estaba de oquis; estaba con un viejo barrigón que la tenía
sentada en sus piernas, mientras se reía a carcajadas de su última
ocurrencia. Se sintió contrariado por la
falta de disponibilidad, pues ya le hormigueaban los pies; pero, aguantó
callado. Quien le mandaba no ponerle
casa como ella se lo había propuesto antes; ahora tendría que esperar turno o
que el botijas se largara. El solícito
Chalío, mientras tanto, ya había puesto un recipiente-bola, de Kloster de barril, a su disposición antes
que se dirigiera a él. “No, de que a uno lo atienden bien aquí… ni
duda cabe. Salú…”, se escuchó a sí
mismo decir.
El primer embate le dejó el bigote espumeando. Se lo relamió antes de pasarse el dorso de
la mano por el mismo para que no quedara huella… como decía la canción. Se dispuso a esperar mientras la dama despedía al cliente de la descomunal “timba”.
Al apreciar la relación corpórea, se le dibujó una sonrisa cuando se
acordó del chiste del compadre que al llegar a la cantina le dijo al otro, “timbito”, y cuando éste aceptara
agradeciendo la deferencia, vino de inmediato la aclaración: “No, güey, si nomás te digo ‘timbito’… por no
decirte ‘timbón’”, y siguió con el
relajo.
Con esa diatriba se encontraba cuando sintió unas manos que rodearon su
cuello por detrás y percibió un perfume embriagador. No sabía cuál era, pero, “carajo para qué se pondría tanto”,
pensó. Era ella. Como de costumbre, la
cogió por la cintura y
3
dirigiéndose
al centro del entarimado se reventó
el Nereidas, y luego le siguió con
esa de…”si Juárez no hubiera muerto…”; y luego otra más…Creo que fue el Zacatlán. Cuando se escuchó el # 5 de Pérez Prado, ya no quiso mover el bote; sin embargo, cuando
le insinuó a la mujer salir de la pista, el cuerpo tampoco le respondió.
Sentía una sensación ardiente que le llenaba la media espalda de
escozor, y luego un empujón le envió a escurrirse de los brazos de la Peláez, y
sin decir agua va se vio en el suelo. Un
ensordecedor vacío le invadió y sólo veía gente a su alrededor que movía la
cara gesticulando en secreto, como si fuera uno de esos espectáculos de
Marceau.
Cuando el oído se le aclaró, escuchó que alguien comentaba, “cuánta
sangre…no, si el pelao era resangrón… por eso…” Entonces sintió el bulto que le oprimía las
costillas de abajo. Pensó que sería el piso disparejo o una duela saltada. Al irle invadiendo la somnolencia, sin
embargo, se percató que el fofolacio
estaba sujeto por varios clentes y le increpaban que ahora sí “se le iba a
venir el cielo encima”. Éste, con la
cabeza gacha, ya no se resistía…Parecía resignado, o al menos ése fue su último
recuerdo antes de perder el conocimiento.
El diario Etcétera, en su
edición vespertina daba escasos datos de un percance en El Parto. Decía, “Otra vez se cubre de sangre el antro situado
en la esquina de Villagrán con…” Y con cierta parsimonia se narraban
algunos pormenores. Más abajo, en la
misma página roja, una esquela de 9 x 12
comunicaba una noticia a familiares y amigos:
* * *
+
Hoy, en el seno
de la Santa Madre Iglesia Católica , Apostólica y Romana,
dejó de existir el
Sr. Gonzalo
Martínez.
Su cuerpo será velado a partir de las 10:00 a.m. en capillas El Rosario. Participan
el deceso su desconsolada esposa e hijos. El cortejo fúnebre partirá a las 4 P.M. a la
parroquia de Guadalupe, en Félix Cuevas Ote. Col. Centro, donde se oficiará
misa de cuerpo presente. De ahí será
trasladado a los mausoleos Jardines del
Descanso donde se le dará Cristiana sepultura.
Se oficiará triduo de misas a partir del 21 del presente en la iglesia
Principe de la Paz.
* * *
4
Para los compañeros de trabajo, el velorio consistiría en acordarse del difunto en sus facetas más
representativas, ponderando el vacío que propiciaría en su trajín
cotidiano. Para la familia, significaría
carencias adicionales y la exacerbación de la incertidumbre del sustento, con
todas sus consecuencias.
Irremediablemente, para todos,
hasta sería coincidente la fraseología acostumbrada: “No
somos nada”, con toda, toda, toda la variedad semántica que se le pudiere
implicar.